Mérida, Enero Sábado 24, 2026, 05:15 am
La palabra pesebre proveniente del latín preaesepe traduce establo, cuadra,
redil, caja donde se pone forraje para los animales. Y es que la historia se remonta a 1223 cuando San Francisco de
Asís, ya enfermo pensando que era su última Navidad y luego de regreso de un
viaje a Tierra Santa, tomó la iniciativa de vivir una especial nochebuena y recrear
un Belén viviente en la memorable cueva rodeada de bosques, propiedad de su
amigo Juan Velita, en el pueblo de Greccio al centro de Italia.
Dicho pesebre fue preparado a escondidas de todos los moradores de aquel
pueblo, la sorpresa fue grande en aquella noche oscura y fría brilló la luz del
pobre de Asís que los invitaba a contemplar el mismo misterio de Navidad obrado
en Belén, unos pastores admirados delante de los santos esposos contemplan al
Rey de Reyes, esa misma noche el párroco del Greccio celebró la misa de gallo,
con la alegría del Dios-con-nosotros, cercano y presente en medio de todos.
En nuestra región andina, el pesebre representa toda variedad de tradición,
cultura y fe familiar que dan identidad y sentido de pertenencia a los
habitantes de estas montañas. En un principio el pesebre era elaborado casi
siempre para el inicio de las misas de aguinaldo, o novena del Niño.
Actualmente se realiza en los primeros días del mes de diciembre.
El pesebre es para los andinos una mixtura de diversos componentes, en primer
lugar, representa toda una espiritualidad de la familia donde todos se
involucran en su elaboración y en cada una de las imágenes se ven reflejados
con sus debilidades y fortalezas, gozos y esperanzas.
Un segundo elemento es la enorme creatividad y sentimientos de bondad que
desbordan en la elaboración del Belén. Se comparten y trasmiten ideas al
momento de realizarlo, se oran en familia al terminar su construcción, se
refleja en la obra la vida propia y los deseos más hondos de cada hogar.
Un tercer elemento es el artístico, el imaginario religioso del portal
andino, conlleva el arte que se realiza en las manos y en la mente de
verdaderos cultores de nuestra geografía, gastronomía, vida cotidiana y
religiosidad popular de nuestros pueblos andinos. En algunas regiones merideñas
podemos ver la variedad de elementos y formas de hacerlo, por ejemplo, en los
Pueblos del Sur la presencia del musgo, algodón para las ovejas, anime para los
pastores, flores naturales y artificiales, plantas como begonias o violetas,
siembras de café, la corraleja del ordeño con su ganado. Todo hecho a ras del
suelo. Mientras que, en zonas del Mocotíes como Bailadores, presenciamos
nacimientos sobre una plataforma de cierta altura para distanciarlo de animales
domésticos y niños pequeños. Con paisajes resaltantes como páramos y picos
nevados.
También en algunas zonas rurales se pueden contemplar nacimientos arcos de
ramas y flores, adornados con frutos, muchos de ellos reemplazados a medida que
llegan a su deterioro, hasta la nochebuena donde el dueño de la casa reparte
las frutas con los miembros de la comunidad.
Culmino con las palabras del Papa Francisco en los ochocientos años del
pesebre: “El belén
nace para reconducirnos a lo que realmente es importante: a Dios, que viene a
habitar entre nosotros. Por eso es importante mirar el pesebre, porque nos
ayuda a entender que es lo que cuenta y las relaciones sociales de Jesús, José
y María y los seres queridos, los pastores. Las personas antes que las cosas”.
Mérida, 24 de diciembre de 2023