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“El pesebre, expresión familiar y tradición andina” por Padre Edduar Molina E.

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“El pesebre, expresión familiar y tradición andina” por Padre Edduar Molina E.


La palabra pesebre proveniente del latín preaesepe traduce establo, cuadra, redil, caja donde se pone forraje para los animales. Y es que la historia se remonta a 1223 cuando San Francisco de Asís, ya enfermo pensando que era su última Navidad y luego de regreso de un viaje a Tierra Santa, tomó la iniciativa de vivir una especial nochebuena y recrear un Belén viviente en la memorable cueva rodeada de bosques, propiedad de su amigo Juan Velita, en el pueblo de Greccio al centro de Italia.

 

Dicho pesebre fue preparado a escondidas de todos los moradores de aquel pueblo, la sorpresa fue grande en aquella noche oscura y fría brilló la luz del pobre de Asís que los invitaba a contemplar el mismo misterio de Navidad obrado en Belén, unos pastores admirados delante de los santos esposos contemplan al Rey de Reyes, esa misma noche el párroco del Greccio celebró la misa de gallo, con la alegría del Dios-con-nosotros, cercano y presente en medio de todos.

 

En nuestra región andina, el pesebre representa toda variedad de tradición, cultura y fe familiar que dan identidad y sentido de pertenencia a los habitantes de estas montañas. En un principio el pesebre era elaborado casi siempre para el inicio de las misas de aguinaldo, o novena del Niño. Actualmente se realiza en los primeros días del mes de diciembre.

 

El pesebre es para los andinos una mixtura de diversos componentes, en primer lugar, representa toda una espiritualidad de la familia donde todos se involucran en su elaboración y en cada una de las imágenes se ven reflejados con sus debilidades y fortalezas, gozos y esperanzas.

 

Un segundo elemento es la enorme creatividad y sentimientos de bondad que desbordan en la elaboración del Belén. Se comparten y trasmiten ideas al momento de realizarlo, se oran en familia al terminar su construcción, se refleja en la obra la vida propia y los deseos más hondos de cada hogar.

 

Un tercer elemento es el artístico, el imaginario religioso del portal andino, conlleva el arte que se realiza en las manos y en la mente de verdaderos cultores de nuestra geografía, gastronomía, vida cotidiana y religiosidad popular de nuestros pueblos andinos. En algunas regiones merideñas podemos ver la variedad de elementos y formas de hacerlo, por ejemplo, en los Pueblos del Sur la presencia del musgo, algodón para las ovejas, anime para los pastores, flores naturales y artificiales, plantas como begonias o violetas, siembras de café, la corraleja del ordeño con su ganado. Todo hecho a ras del suelo. Mientras que, en zonas del Mocotíes como Bailadores, presenciamos nacimientos sobre una plataforma de cierta altura para distanciarlo de animales domésticos y niños pequeños. Con paisajes resaltantes como páramos y picos nevados.

 

También en algunas zonas rurales se pueden contemplar nacimientos arcos de ramas y flores, adornados con frutos, muchos de ellos reemplazados a medida que llegan a su deterioro, hasta la nochebuena donde el dueño de la casa reparte las frutas con los miembros de la comunidad.

 

Culmino con las palabras del Papa Francisco en los ochocientos años del pesebre: “El belén nace para reconducirnos a lo que realmente es importante: a Dios, que viene a habitar entre nosotros. Por eso es importante mirar el pesebre, porque nos ayuda a entender que es lo que cuenta y las relaciones sociales de Jesús, José y María y los seres queridos, los pastores. Las personas antes que las cosas”.

 

Mérida, 24 de diciembre de 2023





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