Mérida, Mayo Viernes 01, 2026, 04:35 am
Bajo el
inspirador lema: “Permaneced en mi Palabra” (Jn 8,31), la Iglesia Universal
celebra este tercer domingo del Tiempo Ordinario, como el “Domingo de la
Palabra de Dios”. Fue en 2019, con la Carta Apostólica Aperuit Illis, que el
Papa Francisco instituyó el Domingo de la Palabra de Dios disponiendo su
celebración el III Domingo del Tiempo Ordinario, bajo el anuncio: “Establezco
que el III domingo del tiempo ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la
Palabra de Dios» (n. 3)”. El objetivo de esta jornada es dedicar
concretamente un domingo del año litúrgico a la Palabra de Dios para darla a
conocer al mundo.
Recordemos que
el Santo Padre al concluir el Jubileo de la Misericordia, en 2016, deseaba que “cada
comunidad, en un domingo del Año litúrgico, renovase su compromiso en favor de
la difusión, el conocimiento y la profundización de la Sagrada Escritura: un
domingo dedicado enteramente a la Palabra de Dios para comprender la inagotable
riqueza que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo”.
(Misericordia et misera Nº 7).
Es importante
tener en cuenta que para favorecer el encuentro
con Dios en su Palabra es necesario pedir la apertura del corazón, con
una verdadera preparación de la lectura orante de la Palabra Divina, que
realice en nosotros obras nuevas, desde el plano espiritual, con la oración
personal y comunitaria; hasta el plano material, con una vida encarnada en el
servicio y compromiso en medio de una sociedad que exige de los creyentes mayor
coherencia de vida.
La expresión
bíblica con la cual este año se quiere celebrar el Domingo de la Palabra de
Dios está tomada del Evangelio de Juan 8,31: “Permaneced en mi palabra”. Haciéndonos
presente uno de los hechos más llamativos en la historia del pueblo de Israel,
un Dios que se dirige al pueblo y a cada uno como “palabra”. Decir que Dios usa
la “Palabra” equivale a afirmar que Dios habla, es decir, Dios sale del
silencio y en su amor se dirige a la humanidad. El hecho de que Dios hable
implica que quiere comunicar algo íntimo y absolutamente necesario para el
hombre, sin el cual no podría jamás llegar a un pleno conocimiento de sí mismo
ni del misterio de Dios. El coloquio permanente entre Dios y los hombres, que
caracteriza la historia bíblica, posee los rasgos de la amistad. Es un coloquio
personal, que toca al hombre en lo más íntimo y lo involucra en una relación de
amor, alcanzando a cada uno en su historia para estarle cercano.
“Permaneced en
mi palabra”, es la invitación a no dispersarse, sino a “tener vida en Él” con
una unidad profunda y radical como la de los sarmientos a la vid (Jn 15, 1-7).
Permanecer en la Palabra de Dios es mucho más que un encuentro acelerado o fortuito.
El Concilio Vaticano II, en la Dei Verbum (Nº2) lo explica de modo admirable: “habla
a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos”.
El Secretariado
Permanente del episcopado venezolano a través del área de Animación Bíblica de la Pastoral del Centro Iniciación a la Vida Cristiana y
celebración de la Fe, motiva los fieles venezolanos a unirse a la
propuesta del Dicasterio para la Evangelización en relación al Domingo de la Palabra, de vivir esta jornada
con creatividad e iniciativa en cada comunidad parroquial, desde la institución
de lectores, el envío de los agentes de la animación bíblica, el llevar la
biblia de bolsillo, compartir el Evangelio diario por los grupos de WhatsApp,
brindar catequesis bíblica o círculos de lectura en las parroquias, en el caso
de nuestra parroquia Santiago Apóstol de La Punta, cada viernes a las tres de
la tarde. También se ha puesto a disposición online un subsidio litúrgico-pastoral para vivir
la Palabra de Dios y la oración en comunidad, en familia y personalmente en la
página de la Conferencia Episcopal Venezolana.
Que este domingo de la Palabra de Dios
nos permite a los cristianos, una vez más, reforzar la tenaz invitación de
Jesús a escuchar y custodiar su Palabra para ofrecer al mundo un testimonio de
esperanza que nos permita ir más allá de las dificultades del momento presente.
“Porque la palabra de Dios es viva y
eficaz, más cortante que toda espada de dos filos; penetra hasta partir el alma
y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y
las intenciones del corazón” (Hb 4,12).
Mérida, 21 de
enero de 2024