Mérida, Mayo Viernes 01, 2026, 03:21 am
Desde que tengo discernimiento, se me enseñó que, en un país democrático, quien manda es el pueblo; pero, cuando analizamos retrospectivamente, desde que el dictador Juan Vicente Gómez modernizó y profesionalizó las fuerzas armadas, estas han servido de sostén a todos los gobiernos, independientemente de si en la carta magna se consagra que la soberanía popular reside en los ciudadanos quienes la ejercerán a través del sufragio. Precisamente la dictadura de Juan Vicente Gómez se mantuvo en el poder 27 años sostenido en el terror que infundían su guardia civil llamada La Sagrada y las fuerzas armadas y policiales. Al morir Gómez, las fuerzas armadas imponen al general en jefe Eleazar López Contreras, que representaba una prolongación del gomecismo. Posteriormente le corresponde al general Isaías Medina Angarita, también respaldado por las fuerzas armadas, quien adelantó algunas iniciativas con tinte democrático, hasta que el Alto Mando Militar decide poner fin a su gobierno y se alían con Rómulo Betancourt y Acción Democrática y deponen al presidente Medina Angarita, en un acto de fuerza que se bautizó como la Revolución de Octubre, porque se consumó el 18 de octubre de 1945. Se elige una Asamblea Nacional Constituyente que gana Acción Democrática con más de 70% de los votos. En 1947 se realizan las elecciones presidenciales y Rómulo Gallegos obtiene 75% de los votos y se convierte en el primer presidente de la república elegido por el voto directo universal y secreto. Pero, de nuevo la fuerza armada actúa, y le presenta un memorando de exigencias, entre ellas el envío al exterior de Rómulo Betancourt, peticiones a las que el maestro Gallegos se niega. Es así como, el 24 de noviembre de 1948, ocurre un nuevo golpe de Estado y se designa una junta de gobierno presidida por el coronel Carlos Delgado Chalbaud, a quien asesinan y da paso a Marcos Pérez Jiménez hasta el 23 de enero de 1958, cuando esa dictadura es derrocada por un alzamiento militar, que culmina con la conformación de una junta de gobierno presidida por el vicealmirante Wolfgang Larrazábal Ugueto y se convoca a elecciones para diciembre de 1958, en las que resulta triunfador Rómulo Betancourt, quien hubo de enfrentar varias asonadas militares y la insurrección de los grupos guerrilleros auspiciados y promovidos por Fidel Castro y el gobierno cubano. Afortunadamente, el estamento militar tenía plena conciencia del papel en defensa del orden democrático consagrado en la Constitución Nacional. En 1964 asume la Presidencia de la República el Dr. Raúl Leoni, quien tuvo que aplicar mano dura contra la insurgencia, pero siempre contó con el respaldo de la fuerza armada. En 1968 se realizan las elecciones y por primera vez un partido de oposición gana las elecciones, saliendo triunfante el Dr. Rafael Caldera, quien tuvo que superar el impasse que se presentó con la designación del general Martín García Villasmil como ministro de la Defensa, y se atrincheró en el ministerio el general Pablo Antonio Flores, quien era el inspector general de las fuerzas armadas y alegaba que le correspondía a él ser ministro por razones de antigüedad, afortunadamente su insubordinación no tuvo ningún respaldo y la situación se superó. Al final de ese quinquenio, en el año 1973, ganó las elecciones Carlos Andrés Pérez y tuvo la aceptación de las fuerzas armadas. En 1978 triunfa el Dr. Luis Herrera Campins y no tuvo que enfrentar ningún problema de política militar. En las elecciones de 1983 se convierte en presidente de la república Jaime Lusinchi sin mayores contratiempos, excepto lo que se llamó "La noche de los tanques" y el incidente con la fragata Caldas en Los Monjes, que estuvo a punto de generar una confrontación entre Colombia y Venezuela. Se realizan las elecciones de 1988 y Carlos Andrés Pérez se convierte en el primer venezolano en ocupar por elección popular por segunda vez la Presidencia de la República. El 4 de febrero de 1992 un grupo de militares insurrectos en varias guarniciones del país, sorprende a los venezolanos que considerábamos que la época de los cuartelazos era cosa del pasado. Carlos Andrés Pérez logra mantener el control de la inmensa mayoría de las fuerzas militares y derrota a los golpistas, lo mismo ocurrió el 27 de noviembre y nuevamente Carlos Andrés Pérez domina la situación. En 1993 Carlos Andrés Pérez es destituido de la presidencia, y por confesión del mismo CAP el Alto Mando Militar le propuso que no acatara la sentencia de la Corte Suprema de Justicia, que las fuerzas armadas le respaldaban, a lo que se negó.
Inmediatamente se cumplen las elecciones y por segunda vez es electo Rafael Caldera, quien no tuvo mayores problemas desde el punto de vista de política militar. En las elecciones de 1998, el triunfador fue quien no pudo llegar a la presidencia con la fuerza de las armas, pero lo hizo con la fuerza de los votos. El 11 de abril del año 2002, las fuerzas armadas derrocaron al presidente Hugo Chávez, quien se entregó en Fuerte Tiuna y puso 3 condiciones para entregar la renuncia; pero los generales no aceptaron una de sus condiciones, que era que lo llevaran a Cuba y lo dejaran allá, es decir, se impuso la sed de venganza sobre el interés del país. Circunstancia que aprovechó el general Raúl Isaías Baduel para rescatar a Hugo Chávez, que estaba prisionero en La Orchila y retornarlo a Miraflores, luego lo encarceló y este gobierno lo sepultó. Se convocan las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, en un marco de gigantescas irregularidades y a pesar de ello, la oposición con la candidatura de Edmundo González Urrutia y el liderazgo de María Corina Machado obtiene una victoria aplastante; sin embargo, el candidato apabullantemente derrotado se niega a aceptar su derrota y obliga al Consejo Nacional Electoral y todos los demás poderes públicos a cambiar los resultados y proclamarlo como ganador, delito en que estuvo de acuerdo el Alto Mando Militar, a pesar de que en los centros de votación donde sufragaron la mayor parte de los militares, el candidato oficialista perdió. De tal manera que revisando minuciosamente con lupa electrónica y desprovisto de cualquier interés, tengo que concluir que no importa que usted logre una mayoría aplastante de votos, si los militares no están de acuerdo con el ganador, usted y todos los que votaron por ese candidato perdieron el voto. Es posible que al comienzo lo acepten, pero si en el transcurso del período les provoca derrocarlo, lo hacen como ocurrió con Carlos Andrés Pérez, con Hugo Chávez y con Edmundo González Urrutia. A esa fuerza armada hay que enseñarla a respetar la Constitución.
rafael.tuto@gmail.com
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