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Por Rafael Augusto López

Qué indefinición tan grande por Rafael Augusto López



Qué indefinición tan grande por Rafael Augusto López

Cuando voy a escribir un artículo, paso mucho tiempo buscando el tema a desarrollar, pero esta semana son tantos que no me decidía cuál era el más relevante, lo que me ha obligado a inclinarme por seis aspectos que considero resaltantes.

El primero tiene que ver con mi hija Carla Alexandra López Marquina, que luego de estar detenida por ICE en Estados Unidos a pesar de estar legal en ese país, ha regresado a nuestro hogar, lo cual nos llena de regocijo para que comience una nueva etapa en su vida. Dentro de pocos días comenzaremos un podcast en mi canal de YouTube Tuto Producciones 100 que hemos llamado "Del sueño americano a la transición al infierno". Mientras tanto, estén atentos a un reportaje que publicará aquí, en El Nacional, la periodista Valentina Zambrano.

De Se llamaba SN a Se llamaba Sebin y Dgcim

Cuando vi el programa Miguel Contigo, de Miguel Ángel Rodríguez, con ese valiente compatriota llamado Carlos Azuaje, contando algunas de las atrocidades de las que son víctimas los presos políticos, de nuevo leí el libro Se llamaba SN de José Vicente Abreu, y quiero refrescar la memoria de ustedes e invitar a quienes no lo han leído a buscar y devorar este libro. Seguramente llegarán a la conclusión de que lo que recoge este libro se queda pálido al lado de lo que recogerá el testimonio de quienes han sido víctimas de esta dictadura o sus familiares. Me encantaría tener el privilegio de escribir esos relatos para que más nunca ningún venezolano vuelva a ser víctima de tal ensañamiento; por lo menos, trataré de hacerlo con mis compañeros de Mérida.

Lean algunos párrafos de su introducción:

Este libro es la radiografía del odio en una época odiada y odiosa, escrita sin odio y sin la intención de hacer literatura conceptual o convencional a costa del amasijo de dolor que dejó hombres mutilados mental y físicamente, y cruces de héroes anónimos sembradas por todos los caminos de la patria. Es un libro escrito por la necesidad misma de contar la experiencia directa de un hombre en esa Venezuela oculta que se movía bajo la piel de la Venezuela oficialmente feliz y próspera.

Es un testimonio puro de la dramática circunstancia que vivieron los venezolanos en las barricadas de la resistencia, en las cámaras de tortura, en las cárceles y en los campos de concentración. Por eso lleva implícito el valor de documento excepcional.

José Vicente Abreu, periodista de la promoción "Leoncio Martínez" y profesor de Castellano y Literatura, egresado del Instituto Pedagógico Nacional, en los años 1949 y 1950, es el único escritor venezolano que vivió plenamente la experiencia de la clandestinidad, de la organización de la resistencia contra la dictadura, de la tortura en la Seguridad Nacional, de la Cárcel Modelo en Caracas, del trabajo forzado en los campos de concentración en Guasina y Sacupana, y de la Cárcel de Políticos en Ciudad Bolívar, durante seis años consecutivos hasta su destierro a México en 1957.

Ese es el mejor elogio que se le pueda hacer a un escritor de este tiempo.

Caracas, junio de 1964.

De la nave turca al tren magallanero

Cuando estudié en la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos (ENED), recuerdo que en la cátedra de Organización Deportiva, a cargo de esa gloria del deporte venezolano Asnoldo Devonish, en el tema de filosofía del deporte, nos dijo que el concepto de deporte era: "Toda actividad física o mental que lograra el desarrollo de las destrezas mediante el fortalecimiento de la musculatura corporal y cerebral, independientemente de que sea amateur o profesional, a través del conocimiento de los reglamentos y respeto estricto de las normas de cada deporte por parte de atletas, personal técnico, jueces, árbitros y auxiliares, directivos y fanáticos, para la formación de ciudadanos integrales".

Pero, cuando vemos a un jugador del Navegantes del Magallanes, exhibiendo una franela que dice "Somos el hampa" y mostrando unos rostros de malandros con el rostro cubierto por pasamontañas, no hay que reprocharle nada a ese jugador, pues ese es el concepto que tiene este régimen del deporte, sobre todo del profesional, que lo han convertido en un medio de propaganda y en una gigantesca lavandería. El fútbol, al parecer, es el deporte más penetrado. Basta con recordar cómo un árbitro FIFA fue víctima de terrorismo cuando dos de sus vehículos fueron quemados en Maracay por haber mostrado la tarjeta roja a un jugador que cometió una falta que ameritaba esa sanción, agravándose el atentado porque el jugador sancionado es hijo del dueño del equipo, quien a su vez es un oficial de las fuerzas armadas y se le señala como el más grande de los torturadores de los presos políticos. Igual ocurre en el baloncesto profesional, y en el beisbol profesional, al parecer, para tener una franquicia hay que entregarse al régimen. Espero que una vez recuperemos la democracia y las libertades, regresemos al concepto correcto de lo que es el deporte.

La llegada de Laura Dogu

Si usted habla con cualquier venezolano, la casi totalidad coincide en que ella es la nueva jefa, que ha venido a darle las instrucciones a Delcy de lo que hay que hacer de acuerdo con las orientaciones de Donald Trump y de Marco Rubio. Efectivamente, cuando revisamos los discursos de los voceros del régimen antes del 3 de enero y después de esa fecha, las contradicciones son evidentes, y hay que concluir que en ninguna otra época se había entregado la soberanía nacional a un gobierno extranjero de forma tan servil. Pero, así mismo, los venezolanos están convencidos de que la presencia de Laura nos conducirá al final de este proceso hacia la transición que nos permitirá de nuevo tener un gobierno absolutamente democrático y con plenas libertades. Podemos concluir diciendo: ¡Tenemos a Laura en Venezuela!

A Jorge Rodríguez no le gustan los presos y pide perdón

Hay que preguntarle a Jorge si le está pidiendo perdón a los venezolanos, a Laura Dogu o a Donald Trump. Difícilmente lo puedan perdonar, porque el daño que le han hecho a Venezuela es imperdonable. Seguro estoy de que Venezuela entera lo hubiera perdonado si el discurso del jueves en la Asamblea Nacional lo hubiera pronunciado antes de entregar a Nicolás Maduro o cuando Hugo Chávez no había cerrado los ojos.

Los presos merideños excarcelados

Estoy feliz de que gran parte de nuestros presos políticos hayan sido excarcelados: Lening OjedaCarlos Gómez, las jóvenes de El Vigía Génesis Gabriela Pabón y Rocío del Mar RodríguezJesús CastilloYone MolinaGuillermo Segnini y el médico urólogo y profesor universitario Pedro Fernández. Aún quedan otros que esperamos sean liberados cuanto antes.

Y en este momento que estoy terminando este artículo, me emociona el recibimiento que le han dado a Yone Molina en El Molino, municipio Arzobispo Chacón, una demostración evidente del cambio que se está produciendo en nuestro país. Es posible que sean días, si creemos en lo que dijo Jorge Rodríguez en la Asamblea Nacional, el jueves 5 de febrero: "Nos queda poco tiempo". ¡Laura los tiene locos! Anímese que esto se puso buenísimo.