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Por David Jiménez Pérez

La soberanía no se subasta: PDVSA y la sombra de la entrega por David Jiménez Pérez



La soberanía no se subasta: PDVSA y la sombra de la entrega por David Jiménez Pérez

La soberanía de una nación no es un objeto de vitrina que se ofrece al mejor postor; es el escudo con el que protegemos el futuro de las próximas generaciones. Por eso, causa una indignación profunda escuchar la ligereza con la que ciertos factores de esa derecha extremista y destructiva han vuelto a poner sobre la mesa la privatización total de PDVSA. Lo plantean en escenarios extranjeros, sin que les tiemble el pulso, como quien remata un bien ajeno, ignorando que lo que pretenden liquidar es el patrimonio más sagrado de Venezuela.

Entregar nuestra industria petrolera al capital transnacional no es una "salida técnica"; es, lisa y llanamente, una rendición de principios. Mantener una empresa estatal sólida es lo que nos permite sentarnos en la mesa global como socios y no como simples administradores de licencias. Es la única garantía de que la riqueza del subsuelo se transforme en bienestar para nuestra gente y no en dividendos que se fugan hacia cuentas foráneas. Querer borrar al Estado del negocio petrolero es aceptar un complejo de inferioridad inaceptable: es admitir que, según esta visión entreguista, no somos capaces de gestionar lo propio y necesitamos tutelaje externo para caminar.

Más allá del discurso, hay una realidad jurídica insoslayable que estos sectores omiten deliberadamente. Nuestra Constitución no es una sugerencia, y su Artículo 12 es tajante: el petróleo es inalienable e imprescriptible. Quienes hoy piden este desprendimiento están chocando de frente contra la ley fundamental que nos define como país independiente. Proponer la venta de nuestra principal industria es, en términos llanos, intentar vender la casa familiar para terminar viviendo alquilados en el patio trasero de los intereses ajenos.

Resulta simbólico que estas propuestas de entrega cobren fuerza precisamente en días donde recordamos episodios históricos de lealtad y traición. Así como hubo quienes negaron la verdad por conveniencia o la vendieron por unas monedas, hoy vemos a esos mismos rostros que han jugado al fracaso de la nación, solicitando intervenciones y celebrando bloqueos que solo golpean al ciudadano de a pie. Pero la dignidad nacional no tiene precio de mercado. PDVSA es de los venezolanos y defender su carácter público es un deber moral. Ante el pregón de la subasta y el despojo, la respuesta es una sola: los activos estratégicos de la Patria son sagrados y el petróleo fue, es y será siempre nuestros.