Mérida, Mayo Viernes 01, 2026, 11:16 am
Hay campos que siempre huelen a fútbol, estadios que
jamás se olvidan y, para la gent blaugrana, finalmente está Wembley, sin
distinguir entre el viejo y el nuevo, siempre vinculado al éxito del Barça,
ganador de dos de sus cinco Champions, big bang del Dream Team de Cruyff,
campeón por vez primera en 1992, y templo de la obra cumbre de Guardiola en
2011. Quizá sea también el punto de partida del equipo de Valverde que aspira a
reconquistar Europa. O puede que, a fin de cuentas, el de este miércoles sea un
partido de entretiempo como el que disputó el plantel de Van Gaal con Arnau de
protagonista en octubre de 1999 (2-4). Wembley, de todas maneras, nunca será un
estadio cualquiera para el Barcelona.
Los azulgrana recuperaron la memoria nada más pisar
el santuario futbolístico de Londres. Montó el entrenador un equipo más
razonable a partir de un solo cambio: salió Dembélé y entró Arthur para que
Coutinho dejara de ser interior y se vistiera de falso delantero con Messi y
Luis Suárez. Y el brasileño remató a gol a los 92 segundos después de una
transición preciosa mal defendida por Lloris. Busquets enganchó con Messi y el
rosarino abrió para Alba. El portero salió en falso para tapar el tiro y el
lateral cedió la pelota franca para Coutinho.
A la presión alta del Tottenham, respondió con cordura
el Barça, fluido en su juego, bien parado alrededor del flexible 4-3-3, solo
penalizado por las pérdidas de balón de Rakitic. No era fácil aguantar a los
muchachos de Pochettino, activados en el área de Ter Stegen cuando pretendía
salir con el cuero el Barça. Aunque los interiores sufrían, tímido Arthur y
revolucionado Rakitic, Busquets y Messi sostenían al Barça. Las reiteradas
aceleraciones del 10, excelente en el juego de entrelíneas, desmontaron al
Tottenham. Messi fue decisivo en el 0-1 y también en el 0-2. Volvió a percutir
Coutinho y su pase de fuera para adentro fue rematado espectacularmente desde
fuera del área por el impetuoso Rakitic.
Ya serenado con el gol, el croata se sumó a la obra
colectiva del equipo azulgrana, cada vez más seguro y concentrado, muy
llegador, efectivo y animado por la intensidad de sus zagueros, el saber estar
de Lenglet y Arthur, el intervencionismo de Coutinho, el aplomo de Busquets y
el liderazgo de Messi. Al Tottenham le cayó el estadio encima con el 0-2. Muy debilitado
por las ausencias, sin el despliegue de Dele Alli ni la sutileza de Eriksen, el
equipo de Pochettino ni siquiera encontró alivio en Kane. Necesitaba los puntos
después de perder a última hora en Milán y se encontraba con una buena versión
del Barça.
Dos postes de La Pulga
A los azulgrana les cambió la cara nada más ponerse
la zamarra de la Champions. El equipo frágil de LaLiga, el mismo que tomaba los
goles sin que le chutaran a portería, defendía sin ninguna concesión sus
aspiraciones en la Copa de Europa. Jugó muy “picado”, como ya había advertido
Rakitic, enfadado con el marcador y con la crítica, necesitado de un marcador
de impacto para recuperar su credibilidad antes de afrontar un calendario muy
exigente y volver al Camp Nou. Wembley motiva al Barça y no desanima al Tottenham
a pesar de no ser White Hart Lane. Ni siquiera con 0-2 descansó Messi.
El argentino remató dos veces al poste derecho de
Lloris en dos jugadas calcadas y ya muy vistas en LaLiga. La desdicha del 10
contrastó con la fortuna de Kane. El ariete sentó con un quiebro a Semedo y
cruzó el cuero a la izquierda de Ter Stegen. El partido giró por un instante
hacia el bando del Tottenham. Messi, sin embargo, no se resignó ni rindió, sino
que volvió sobre su jugada, por fin habilitado por Jordi Alba. El tiro del
rosarino, habilitado por el lateral después que dejaran pasar la pelota
Coutinho y Suárez, entró colocado por el mismo sitio que antes, con la
diferencia que salvó por poco el poste de Lloris.