Mérida, Abril Viernes 17, 2026, 12:12 pm
El líder norcoreano, Kim Jong-un, y el presidente de
Estados Unidos, Donald Trump, volverán a reunirse "lo más pronto
posible". El propio Kim y el secretario de Estado norteamericano, Mike
Pompeo, han acordado durante su reunión de este domingo en Pyongyang trabajar
para hacer factible ese encuentro y continuar la negociación sobre el cuándo y
el dónde, según ha indicado el Gobierno de Corea del Sur.
"Las dos partes nombrarán equipos de trabajo
para negociar el proceso de desnuclearización norcoreano y el calendario de la
cumbre Trump-Kim", ha señalado el secretario de la presidencia surcoreana,
Yoon Young-chan, en un comunicado que cita la agencia de ese país, Yonhap. La
declaración de Yoon se ha producido después de que Pompeo se reuniera en Seúl con
el presidente Moon Jae-in para informarle de los resultados de sus
conversaciones con el líder norcoreano. Siempre según el Gobierno del Sur, el
enviado de Trump y Kim Jong-un abordaron los pasos que Pyongyang puede dar para
deshacerse de su programa nuclear, así como la supervisión estadounidense para
verificar el proceso y las "medidas recíprocas" que Washington
propone.
Pompeo conversó durante casi cuatro horas ─dos de
reunión oficial, una hora y media durante una comida─, con Kim. El objetivo era
destrabar el proceso de negociaciones en torno al programa nuclear norcoreano y
asegurarse de que sus respectivos países se mueven en la misma dirección. El
jefe de la diplomacia estadounidense ha salido cautamente optimista: la visita
ha sido “un buen viaje” y “seguimos haciendo progresos”, había indicado en un
tuit antes de llegar a Seúl, donde pasará la noche.
El sentimiento se extendía también al resto del
equipo estadounidense. La visita “ha ido mejor que la última vez”, apuntaba un
alto funcionario que habló con la condición del anonimato a la prensa que
acompaña a Pompeo en su gira por Asia. Pero el optimismo, dejó también claro,
es contenido: “Va a ser un camino largo”.
Un vídeo distribuido por el Departamento de Estado
muestra a Kim y a Pompeo caminando sonrientes por un pasillo mientras hablan
aparentemente relajados. En sus palabras durante el almuerzo, Kim celebró “un
gran día que promete un buen futuro para los dos países”. “Hemos tenido una
mañana llena de éxito”, replicaba el enviado estadounidense, en su cuarta
visita a la capital norcoreana.
En su última visita, en julio, los resultados fueron
mucho más decepcionantes. Pese a que Pompeo se marchó de Pyongyang asegurando
que había logrado progresos, Corea del Norte le desmintió y le acusó de plantear
exigencias “de estilo gánster”. El secretario de Estado tenía previsto haber
regresado a finales de agosto, pero el presidente de EE UU, Donald Trump,
canceló el viaje en el último momento al considerar que no se habían logrado
suficientes progresos desde la cumbre que
Kim y él mantuvieron en Singapur en junio.
Entonces, Kim había expresado su compromiso con la
desnuclearización de la península coreana a cambio de garantías de seguridad
estadounidenses y la promesa de “una nueva relación”. Pero el proceso, como
demostraron los contactos de Pompeo, había encallado. Ambas partes consideraban
que ahora era el turno del otro de mover ficha: Pyongyang quería un tratado de
paz que terminara oficialmente la guerra de Corea (1950-1953) y el
levantamiento de sanciones; Washington, medidas concretas e irreversibles hacia
el desarme.
La negociación volvió a retomar fuerza el mes pasado
a raíz de la cumbre en Pyongyang entre Kim y el presidente surcoreano, Moon
Jae-in. El líder norcoreano propuso desmantelar un centro de pruebas de misiles
y el complejo nuclear de Yongbyon si Estados Unidos adoptaba “medidas
recíprocas”.
Desde entonces, Trump ha recuperado el tono cálido en
sus referencias a Corea del Norte. Tan cálido, que ha llegado a asegurar que en
su encuentro en Singapur, él y Kim “nos enamoramos”. El líder del régimen juche
le ha escrito ─ha dicho el presidente estadounidense en un mitin─ “cartas
preciosas”.
Tras sus conversaciones en Seúl, el lunes Pompeo se desplazará a Pekín, la última etapa de su gira asiática y posiblemente la más espinosa: abordará con las autoridades chinas la marcha de las negociaciones nucleares con Corea del Norte; pero también la guerra comercial entre Estados Unidos y China y las tensiones cada vez más graves en la relación bilateral más importante del mundo.
EL PAÍS