Mérida, Abril Viernes 17, 2026, 02:49 pm
Gran
dama del periodismo francés, Christine Ockrent ha escrito un libro
indispensable para comprender la dimensión internacional del asesinato de Jamal
Khashoggi en el consulado saudí de Estambul y las amenazas que proyecta sobre la
nueva geopolítica mundial el poder absoluto de un hombre joven, impulsivo y
temible, el Príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salman.
—Si
entiendo bien su libro, «El príncipe misterio de Arabia, Mohamed bin Salman»,
Jamal Khashoggi ha sido víctima de la esquizofrenia del Príncipe heredero y del
sistema político de su país, gran aliado de los EE. UU., que dice aspirar a la
modernidad y, al mismo tiempo, personaje y sistema político que utilizan el
terror policial del poder absoluto.
—Los
occidentales somos víctimas de esa esquizofrenia, y de un error no menos
trágico, nuestro. Como ya ocurrió con otros tiranos con poder absoluto, los
occidentales creímos que la prosperidad económica correría pareja a una cierta
evolución relacionada con nuestros valores democráticos. Mohamed bin Salman
(MBS) ha prometido la modernización de su país, ha dado pasos importantes en
esa dirección, gasta inmensas fortunas en dar publicidad a tal ambición. Pero
también recurre de manera sistemática a la persecución y encarcelamiento de
quienes se oponen o intentan resistir a su política, desde posiciones próximas
a nuestros valores occidentales, o desde posiciones propias del arcaísmo
religioso más tradicional.
—Esa
misma esquizofrenia ya estuvo presente durante la intervención de EE.UU. en
Afganistán, con la emergencia de Bin Laden como líder carismático y con el
nacimiento de Al Qaida.
–El
Príncipe heredero ha comentado esa paradoja en muchas ocasiones, con cierta
habilidad, recordando que su patria ha sido la primera víctima del terrorismo
islámico, recordando que en Arabia Saudí también hay encarcelados muchos
terroristas islámicos.
–Washington
supo muy pronto que Bin Laden y Al Qaida se beneficiaban del dinero no siempre
privado de Arabia Saudí. ¿Podía temer MBS que Khashoggi hiciese revelaciones
sobre esas relaciones peligrosas?
–Riad
invirtió e invierte muchos millones en la financiación de actividades
religiosas en varias continentes. Bin Laden y su familia formaban parte de una
cierta elite saudí. Hasta que sus convicciones religiosas lo llevaron al
enfrentamiento, brutal. Es posible que Khashoggi tuviese informaciones
sensibles, quizá. Pero me inclino a pensar que en el origen último de su muerte
hay un problema político de fondo.
–¿Qué
tipo de problema?
–En
sus artículos publicados en el «Washington Post», Khashoggi apoyaba las
reformas del Príncipe heredero, pero denunciaba su poder absoluto, que utiliza
la cárcel y mucha brutalidad contra los progresistas (mujeres, intelectuales) y
contra los reaccionarios (religiosos)… A mi modo de ver, Khashoggi pudo ser
víctima del fracaso de un pacto que terminó en tragedia. El poder absoluto le
propuso que abandonase el exilio y regresara a su patria. Se le propuso un
visado y documentación para rehacer su vida. Pero algo salió mal, alguna
disputa terminó en un baño de sangre, en el consulado de Estambul.
–Si
hubiese que creer a los servicios de seguridad turcos, entre los hombres que
asesinaron a Khashoggi se encontraba un miembro de la seguridad personal de
MBS, ¿confirma ese y otros indicios la posible culpabilidad personal del
Príncipe heredero?
–El
Príncipe heredero tiene un poder absoluto. Ese y otros indicios llevan la marca
de MBS. Se atribuye a un colaborador del Príncipe heredero esta frase,
refiriéndose a Khashoggi: «Traedme la cabeza de ese perro».
–Las
repercusiones internacionales del caso, ¿pueden hundir el futuro político de
Mohamed bin Salman?
–No
lo creo. A nadie le interesa que se conozca toda la verdad. No veo al Rey
Salman confesando que se ha equivocado eligiendo a su heredero. Mohamed bin
Salman controla todos los resortes del poder absoluto. En Occidente a nadie le
interesa perder los contratos con Arabia Saudí.
–En
cierta medida, Europa y EE. UU. son rehenes del comportamiento de un joven
inculto y temible, y de un Estado cuyo fundamento teológico también ha
contribuido a la propagación de la guerra santa contra Occidente.
–Esa
es la matriz esquizofrénica de Arabia Saudí y uno de nuestros puntos débiles.
La historia es una tragedia. Un hombre joven, impulsivo, formado en el
tradicionalismo más ortodoxo, también aspira al liderazgo religioso, en
conflicto con el Irán de los ayatolás y la Turquía de Erdogan. MBS ha embarcado
a su país en conflictos peligrosos, en el Yemen, en Irak, en Siria, en el
Líbano, en todo Oriente Medio. Los occidentales no queremos perder los
contratos millonarios que concede el Príncipe heredero.
Retrato
de un personaje inquietante
Hija
de un influyente diplomático belga, Christine Ockrent (Bruselas, 1944), belga
de nacimiento, francesa de formación, es una de las grandes periodistas
europeas de nuestro tiempo, con una carrera excepcional en las grandes cadenas
audiovisuales norteamericanas (CBS, NBC), francesas y europeas.
Autora
de una veintena de libros, entre la investigación periodística y las biografías
de corte anglosajón –Putin, Hillary Clinton–, su último título «El príncipe
misterio de Arabia, Mohamed bin Salman» cuenta la ascensión al poder de MBS. A
través de una investigación apoyada en testimonios de primera mano, Ockrent
realiza un retrato magistral de un personaje ambiguo e inquietante, que quiere
«modernizar» su país con mano de hierro, utilizando los recursos del poder
absoluto para conquistar su propio puesto en la nueva escena mundial.
AGENCIAS