Mérida, Mayo Viernes 01, 2026, 12:29 pm
La expectativa tan grande derivó en lo que muchos temían. Todo se
desbordó. Ni siquiera el promocionado operativo de seguridad para la Superfinal
pudo evitar que se produjeran graves incidentes, dentro y fuera del estadio
Monumental.
Todo fue una papelón. Una muestra cabal de lo peor del fútbol argentino y
sudamericano: violencia, aprietes, tironeos, disputas de poder, desprolijidades,
peleas...
La Superfinal de la Copa Libertadores entre River y Boca que debía
jugarse este sábado a las 17 primero fue postergada en dos ocasiones. Y
finalmente fue suspendida. Se jugará mañana a las 17.
Desde Boca la postura era clara: le informaron a River y a Conmebol que
no estaban en condiciones de jugar el partido: Pablo Pérez, capitán del equipo
y Gonzalo Lamardo, juvenil que acompañó al plantel, habían sido trasladados a
un hospital para ser atendidos tras la salvaje agresión que sufrió el plantel
boquense en su llegada al estadio Monumental.
Hubo piedrazos al micro, gases lacrimógenos y varios futbolistas
resultaron heridos.
Pero después de varias reuniones y de la presión ejercida por los
presidentes de la FIFA, Gianni Infantino y de la Conmebol, Alejandro Domínguez,
lo que parecía imposible se volvió probable: a pesar del caos generado y de los
futbolistas heridos, informaron que la Superfinal se jugaría más tarde. A las
18, informaron en primera medida. A las 19.15 lo cambiaron después.
Según la máxima entidad del fútbol sudamericano "no existe causal
para suspender el partido".
Mientras tanto, en Boca una mezcla de confusión y enredos invadía el
vestuario visitante. "Nos están obligando a jugar el partido",
sentenció Carlos Tevez como líder del plantel.
Y agregó: "Pablo (Pérez) llegó con un parche en el ojo. No estamos
para jugar. Los médicos están con mucha presión. Pero acá hubo jugadores que no
paramos de toser, con muchas ganas de vomitar, con ardor en la garganta. recién
ahora se me está yendo el dolor de cabeza. esto no tendría que pasar. Salimos a
hablar para contar que nos están obligando a jugar el partido en estas
condiciones, con tres compañeros que no están en condiciones de jugar este
partido".
Fernando Gago se sumó en la misma línea: "Estamos sorprendidos
porque nadie toma una decisión. Hace siete horas que estamos dando vueltas. A
nosotros nos dicen que el partido se juega, pero no están dadas las condiciones
en el grupo".
El desmadre tuvo su clímax en la llegada del micro con el plantel de Boca
al Monumental. Y desde ese momento, alrededor de las 15.20, cuando faltaban
menos de dos horas para que comenzara la gran final, todo fue caos,
desorganización y preguntas sin respuestas.
Un grupo de hinchas de River que esperaba para entrar al estadio lanzó
piedras contra el micro del plantel visitante. Fue una zona liberada, no había
policías controlando esa zona aledaña al Monumental. O sí había, pero no fueron
eficientes. Y llegaron tarde a la zona.
Para intentar dispersar a los hinchas fue peor el remedio que la
enfermedad. Porque los policías empezaron a tirar gases lacrimógeno y todo se
empeoró. El combo derivó en una imagen impresentable: los jugadores de Boca
entraron al vestuario visitante heridos por los cortes de los vidrios rotos y
con dificultades en la respiración por los gases.
La Superfinal, a esa altura empezó a correr riesgo.
Varias ventanillas del micro quedaron destrozadas; el chofer bajó
desmayado y muchos futbolistas estaban visiblemente afectados.
Seis jugadores vomitaron y quedaron tirados en la antesala el vestuario:
Carlos Tevez, Fernando Gago, Julio Buffarini, Agustín Almendra, Nahitán Nandez
y Darío Benedetto.
El más afectado fue Pablo Pérez que sufrió un corte en el brazo y algunas
astillas afectaron a su ojo izquierdo. También el juvenil Gonzalo Lamardo, que
forma parte de la lista de buena fe en la Copa Libertadores y acompañaba al
grupo en la cancha de River.
Pérez y Lamardo, tras ser revisados por los médicos de Boca y Conmebol,
fueron trasladados en ambulancia al hospital Otamendi para realizarse estudios específicos. Allí
corroboraron que el capitán de Boca había sufrido una úlcera y que no estaba en
condiciones de jugar.
El secretario general del club, Christian Gribaudo, dio un diagnóstico
funesto de la situación: "Los jugadores están todos heridos, así no se
puede jugar".
El anillo interno del estadio Monumental se transformó en un hormiguero.
Dirigentes corriendo de un vestuario al otro. Allegados haciendo circular
versiones contrapuestas. Y la sensación evidente de que no estaban dadas las
condiciones para jugar un partido de fútbol.
Mientras tanto, en la calle, los miles de hinchas de River que no habían
logrado entrar empezaban a producir disturbios y se enfrentaban con la Policía.
Quedaron muchos espectadores con entradas en la mano y sin poder ingresar a la
cancha.
Dentro del Monumental, el presidente de River, Rodolfo D'Onofrio, asistió
al vestuario de Boca para ponerse al tanto de la situación. Y también hubo
reuniones con Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol y Claudio Tapia,
presidente de la AFA.
A las 16, una hora antes de la hora señalada, los cinco médicos de la
Conmebol que habían atendido en el vestuario a los jugadores de Boca heridos,
se reunieron con Angelici y D'Onofrio para tomar la decisión de qué camino
seguir.
Ante una incertidumbre generalizada, la Conmebol informó via Twitter que
el partido se postergaba para las 18. Pareció más un manotazo de ahogado en su
afán de querer disputar el partido que una decisión efectiva.
Desde allí se multiplicaron los tironeos.
Porque la entidad sudamericana quería sí o sí que se jugara el partido.
Porque River acataba la palabra oficial y el plantel se preparaba para iniciar
la entrada en calor. Y porque en Boca la postura era contundente: no podían ni
querían jugar después de todo lo que había sufrido el plantel.
Y, vaya detalle: el capitán de Boca, Pablo Pérez, por ese entonces ya
estaba siendo atendido en el hospital Otamendi debido a "una úlcera por un
cuerpo extraño" en el ojo izquierdo.
En ese contexto turbio, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, bajó
de su palco, recorrió el anillo interno del Monumental y se reunió con los
presidentes de los clubes. Cuentan que Marcelo Gallardo al mismo tiempo le hizo
saber a Guillermo Barros Schelotto que River no pondría objeciones y que si
Boca no estaba para jugar aceptarían esa postura.
Aunque un rato más tarde Tevez apuntó que ningún jugador de River se
acercó al vestuario visitante para solidarizarse con sus colegas.
En ese contexto, minutos después de las 18.30 el campo de juego empezó a
dar señales de que el partido se jugaría. El preparador físico de Boca, Javier
Valdecantos, empezó a preparar los elementos para la entrada en calor. Más
tarde también se sumaron los árbitros a la preparación.
Y en un escenario absolutamente desvirtuado se iba a jugar el partido.
Pero faltaba un capítulo más. Porque la reunión entre los presidentes,
allí donde estaban Gianni Infantino (FIFA), Alejandro Domínguez (Conmebol),
D'Onofrio (River) y Angelici (Boca) todo cambió y la decisión se dio vuelta. A
las 19.23 el partido oficialmente se suspendió y se pasó para el domingo a las
17.
ESPECIAL / CLARÍN