Mérida, Junio Martes 02, 2026, 03:13 pm
JESÚS BAYORT
Diario ABC de Sevilla
Una corrida vulgar, sin categoría en su estampa. Indigna para la corrida más importante del año e impresentable para el gran templo en el que supuestamente se disputa el gran trono del toreo. De siete toros lidiados, sólo uno fue armónico en su lámina. Que no pertenecía a la divisa titular, ni tampoco debió salir al ruedo. Un suceso paranormal, que sobrepasa los límites de la inteligencia humana, y que fue el broche de oro para este despropósito de Domingo de Resurrección. Que arrancó casi seis horas antes, cuando pasadas las cuatro de la tarde alguien decidió retirar la lona, antes de que a la hora lorquiana se abrieran las compuertas del cielo para rematar una Semana Santa gloriosa.
No suscribirán eso de 'gloriosa' los presidentes de petaladas, hermanos mayores de esta sociedad desvirtuada, pero me darán la razón quienes llevaban meses pidiendo rogativas. Agua para nuestra madre pagana, que es la tierra. Y ahí están ya las cunetas, colmadas por las escorrentías. Y los pantanos, desembalsando como hacía años que no se conocía. Y las dehesas, sagrario del toro bravo, con el verde acariciando la flor de las futuras bellotas. Una Semana Santa de recogimiento, íntima. Como la de Morante de la Puebla, que aislado en su penitencia personal ha vestido el ruán en unos días de silencio sepulcral.
A las seis y media de la tarde, con los clarines enmudecidos y el palco deshabitado, salía al ruedo Morante de la Puebla. La primera chicotá del Domingo de Resurrección. Con su capotillo sobre el brazo, a modo de cruz, racheando sus zapatillas por la tierra que hace menos de un año lo elevó a la gloria. Subía el pesimismo por los tendidos como en una especie de ascensor paternoster por el que caían goterones con trapío de granizo. Treinta y cinco minutos después era Morante el primero en plantarse en esa otra 'rampla' de la sevillanía. No la del Salvador, sino la que sube del patio de cuadrillas al ruedo. Ya liado, esperando la salida de ese sardito que ha recorrido este domingo las redes sociales como dicen que recorrió –mestre Luis Miguel Parrado– Valencia en julio y Sevilla en San Miguel. Que salió najado, como de corraleado. Como placeado. Que lo estaba.
Y al tercer lance, cuando algunos ya creían ver la resurrección del genio, se vencía ese Esaborío para dentro, con la querencia de quien piensa con la inteligencia de un ser humano. Con el matador desganado y el lidiador auxiliado. Bravo por Curro Javier, haciéndose dueño del desconcierto. Suya fue la gran ovación de un primer acto del que es mejor resumir, como hizo Morante. Abreviando en los blandos ante la falta de raza. Del toro... y del torero.
Raleo, el segundo, tenía altura como para saltarlo con una pértiga. Todo era altura en él, escurrido por detrás. Sin perfil. Sin categoría para la corrida más importante del año. Sin categoría para esta plaza. ¿De quién es la culpa de que salga un toro así? ¿Del ganadero? ¿Del empresario? ¿De los toreros? ¿Del presidente? Vayan para ellos el pañuelo verde que no vio Raleo, que rimaba con feo. Elevado al éxito en un soberbio conjunto. Desde el compás de José Chacón con el capote –ordenado, pausado y con torería– hasta la exhibición de capacidad y agallas de Castella, que tras ver volar su muleta en un primer gañafón se metió por abajo. Crujiendo las durezas de Raleo, sin estilo y sin entrega. Exponía el francés con la verdad irrefutable de su valor, expuesto siempre al natural. Aplomado donde media hora antes había un lodazal. Se entregaba la Banda Tejera, y la plaza, como por momentos parecía entregarse la fiera. Que de revolverse a la velocidad de la tormenta inaugural incluso quiso gustarse en alguna embestida final. Máximo reconocimiento a Castella, que rubricó por todo lo alto, su soberbia labor. Una oreja ganada a pulso, a…
Quien sí vio el pañuelo verde fue el cárdeno salpicado tercero, también conocido como Amargado –¡qué nombre!–. Un engaño –como el de Matilla– en su robusta su lámina. Grandullón, amorrillado, de colgante badana e inflada panza. Un bluf, derrotado al primer lance. Y salió por él Frangeado, también de Matilla. Cornalón, para haberlo lidiado –si trajera otro remate– en San Isidro. O en Pamplona. O con un cascabel por las calles valencianas. Que en su ausencia de talento, tuvo alegría. Y nobleza. Todo impulsado por su falta de poder. Trataba de esconderlo Roca, con recelo. Mimoso e indulgente con la capa, reservando esos goterones que venían en condicional, sujetos a mil requisitos. Que todos los tuvo el torero, incomprendido en su versión menos impactante aunque, paradójicamente, más artística. Donde antes hubo trallazos, ahora había arrumacos. Y suavidad. No ya en el cite, sino en el embroque, en el transcurso, en el muñecazo. Introducción, nudo y desenlace. Con cadencia, en una colocación más liberada de compromiso. Más acomodada para el toreo. Gustándose en la media altura, girando en una especie de coreografía bien aprendida. Sin la vibración que no tenía el toro, sin los efectos especiales que le reclama su gente. Pero más torero que nunca. Como al natural, cayendo los vuelos, vaciando el piquito a la altura de las pezuñas. ¿Es ése el camino de Roca? ¿Será capaz de sacrificar el éxito en beneficio de la calidad? Ojalá.
Más comprendido fue Morante, arropado en unos primeros lances que no terminaron de cuajar. Con más pasión que perfección, sobrepasado en una nueva vencida hacia adentro. Lo normal. Pegado a tablas y con dos cuartos de arena. Dos cuartos creció después el torero, más despierto y entregado. Intermitente en el pulso, aunque recuperado en la colocación.
A las nueve, ya –y siempre– de la noche, salía el quinto. El 'tío de los gintonics' había guardado ya el cajón de cubatas a granel. Aunque seguía gritando, tan esperanzado como Castella, brindando en los medios. Más que un destilado, pegaba un buen caldo. Caliente, y de puchero. Tanto frío como en la faena a Expléndido (con x) –engañifa hasta en su nombre, en la redacción y en el concepto–, descompuesto en sus limitaciones físicas. Un espléndido coñazo.
Del sexto (bis) mejor no
hablaremos. Por respeto a los sucesos paranormales. Nos la colaron. Sí, porque
nadie comunicó en la plaza que saldría en turno titular el segundo sobrero. El
de mejores hechuras, el que debía haber salido de inicio. ¿El argumento? Dicen
que el otro se había echado ¡Qué cosas!
FICHA DEL FESTEJO
Se lidiaron toros de la familia Matilla, de vulgar presentación para la corrida más importante de la temporada y escaso juego. 1º, desrazado y manso; 2º, violento y sin estilo; 3º, devuelto; 3º (bis), con temple y mejor estilo, aunque –quizás por eso– justo de poder; 4º, agarrado al piso; 5º, descompuesto; 6º, paranormal.
Morante de la Puebla, de grosella y oro. Pinchazo y bajonazo (palmas); dos
pinchazos y descabello (silencio).
Sebastián Castella, de azul noche y oro. Estocada (oreja); pinchazo y estocada
(palmas).
Roca Rey, de verde esperanza y oro. Estocada (oreja); estocada (silencio).
Incidencias: el festejo comenzó con treinta y cinco minutos de retraso por el mal estado del ruedo tras las lluvias caídas durante la previa. *** Saludó Curro Javier en el primero tras auxiliar a su compañero en la lidia y gustarse en banderillas. También saludaron sus compañeros de cuadrilla, Joao Ferreira y Alberto Sayas, en el cuarto, y José Chacón en el quinto. Destacó el arrojo de Viruta en banderillas ante el sexto.
Plaza de Toros de la Real
Maestranza de Caballería de Sevilla. Domingo, 31 de marzo de 2024. Corrida
inaugural de la temporada. Lleno de 'no hay billetes'.