Mérida, Mayo Viernes 01, 2026, 12:37 pm
No fue el clásico tostón copero y sirvió para que Isco y Asensio
reclamaran su lugar entre los titulares.
El Madrid comenzó al ralentí, como corresponde, y el Melilla se acercó en
tres ocasiones. Fue Llorente el primero en subir las revoluciones del partido
con una recuperación de potencia desproporcionada. Es un jugador que parece que
en cualquier momento va a interrumpir la carrera para hacer diez flexiones.
Fijándose en Llorente uno acababa mirando a Fede Valverde, que tiene unas piernas
de ciclista holandés con las que parece que puede salirse del campo a poco que
empiece a correr. Hace falta que el resto del jugador se ponga a la altura de
esa zancada. Perdió pelotas en la media, pero contribuyó a un Madrid alegre y
con chispa en el que el ávido Mariano lo perseguía todo y remataba moscas.
A la media hora, como en la ida, el Melilla se derrumbó y llegaron uno
tras otro los goles. Tres jugadores se hicieron protagonistas. Asensio el que
más, sobrado de calidad y rango y perfilado en la derecha, donde saca mejor el
revólver. Marcó el primero fusilando al portero tras una conducción en la que
el Melilla se le fue abriendo como el Mar Rojo a Moisés. También el segundo, de
inmediato, tras una jugada de Vinicius. Luego le dio el tercero a Javi Sánchez,
que sabe rematar porque le ordenó el pase. Asensio se resarció pero dio la
razón a sus críticos: ese talento suyo no puede quedarse en lo doméstico ni en
la Copa.
Algo parecido puede decirse de Isco, que a ese ritmo lento y de 2ªB
empezó a gustarse alrededor de la media punta con detalles que más que parar el
juego lo congelaban de hermosura. El talento de Isco y Asensio les condena a
una excelencia mortificante.
Vinicius, a un nivel inferior, aprovechó mejor esos buenos minutos para
darse a conocer. En todo el sentido de la expresión: para que le conociéramos.
Pudo apreciarse que lo mejor tiene es la velocidad. Llegó a más remates que el
propio Mariano y entonces se vio que Vinicius todavía es inteligente solo en
una zona del campo. Cuando controla y chuta en la esquina del área lo hace bien
porque lo tiene automatizado, pero frente a la portería su instinto duda.
Su inteligencia está en el regate. Conoce sus virtudes, conoce al
defensa, y sabe explotar el truco de engañar e irse por fuera. Cuando el rival
quiere reaccionar, él ya está muy lejos.
Vinicius tiene otra virtud: eso que llaman «frecuencia». Sube mucho,
aparece mucho, lo intenta y al final sus números son buenos: gol, y asistencia.
Cuando se entendió con Asensio e Isco se vio que estaba entre iguales. Era
Vinicius inter pares.
En la segunda parte debutó el canterano Fran García, un rápido lateral
izquierdo, e Isco redondeó su buen partido con un golazo desde fuera del área.
El partido era correcto, rítmico, con Asensio sobrado lanzando pases aquí
y allá, pero fue de nuevo a la media hora de ir y venir cuando los frutos
cayeron. Vinicius marcó el quinto en dos intentos. Bailó samba y sonrió con
esos dientes que tiene de Flavor Flav.
El Melilla tuvo su honroso gol en un penalti sobre Yacine que él mismo
marcó, e Isco, ya con muchos espacios, logró el sexto colocando un balón con
cuajo soberano.
Mariano se iba con molestias. Había sido lo peor del Madrid. El poco
acierto canta más cuando se le ponen tantas ganas, paradoja cruel del delantero
currante. El Madrid se quedó con diez porque Solari ya había agotado los
cambios al hacer debutar a Fidalgo. Cantera y Constitución, ¡que no se diga!
ABC