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Reunirme con mis hijas en la ciudad mítica por Alberto Jiménez Ure

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Alberto Jiménez Ure


En Mérida, Venezuela, nacieron mis hijas, ciudad en la cual [según el legendario https://prodavinci.com/mariano-picon-salas-y-la-modernidad-en-venezuela/]  «su universidad tiene una ciudad por dentro». En esa institución me divirtió trabajar durante muchos años. Quienes fueron mis parejas como las hijas que tuve con ellas estudiaron exitosamente ahí: Letras, Historia, Química, Diseño Industrial y Medios Audiovisuales.  

Amé la institución, hoy menoscabada. Pero la frase de Picón Salas no me gusta porque le confiere inmerecidos atributos a una entelequia de humanistas y ecuánimes presuntos. He aquí lo que sostuve al respecto hace casi dos años: 

«[…] La «extraterritorialidad» de las entre comidillas y comillas «universidades autónomas» es fantasiosa, estupidez de engreídos. Nuestra muy venerable Universidad de los  Andes, por  ejemplo, no  es «una casa  de  estudios con  una ciudad por dentro» (http://www.saber.ula.ve/bitstream/handle/123456789/21517/025documento4.pdf?sequence=2&isAllowed=y) sino organismo del Estado venezolano con más o  menos  virtudes y  defectos que  los  demás, cuya supervivencia está sujeta a envíos de situados  constitucionales […]» 

(https://www.elnacional.com/2024/04/el-suicidio-de-las-universidades-autonomas-venezolanas-y-las-equivocaciones-de-picon-salas/ https://gustavoguillenzulia.blogspot.com/2024/04/el-suicidio-de-las-universidades.html)

Los sucesos políticos que fueron predecibles durante la segunda mitad del s. XX precipitarían la disolución de mi grupo familiar, una tragedia personal que precipita mis llantos perpetuos cuando el insomnio y la soledad fuetean mi espalda en mi humilde residencia de suburbio. Escribí, no pocas veces, como un vidente lo que nos deparaba el futuro si no sanábamos conductas aborrecibles mediante la suspensión de cultos demoníacos que nuestra sociedad sublimaba, algunos expuestos en las tramas de mis novelas que admito son terribles y han sido estudiadas: https://logicaycriticadeldiscurso.wordpress.com/wp-content/uploads/2025/10/el-horror-en-la-narrativa-de-alberto-jimenez-ure-por-luis-benitez-revision-2025.pdf.

Con suficiente antelación, vi venir a los monstruos enfermos de obcecación por separar o exterminar familias y amigos. Abuelos y padres de la madre de todas las maldades han fallecido, pero sus histriónicos tataranietos que les sobreviven afirman estar contritos. Antes de retornar a la nada que es muerte, anhelo [decreto, dicto] restitución y reparación. No se trata de atemporalidad propugnar que los expulsados de modo abrupto regresen a sus hogares.  No era paradisíaco aquellos que nos mantenía unidos aun cuando con mínima felicidad, pero sí una forma de subsistencia aproximándose a la satisfacción plena o dignidad existencialista. 

Reunirme con mis hijas migrantes en la ciudad mítica no es ficción ureriana ni inmerecido premio a un padre devastado. Las tengo siempre en mi mente.

albertjure2009@gmail.com   





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