Mérida, Abril Viernes 17, 2026, 02:41 pm
Iniciamos el santo tiempo de Cuaresma con el primer mensaje del santo padre León XIV para este tiempo. Con fecha del 5 de febrero de 2026, el Papa ha elegido, para su primer mensaje cuaresmal, un llamativo título: “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”. Su reflexión tiene como eje central la escucha y el ayuno, como medios espirituales que nos ayudan, no solo como ritos tradicionales de este tiempo litúrgico, sino como herramientas para una transformación profunda de la persona y de la sociedad.
León XIV destaca la
invitación de la Cuaresma como tiempo privilegiado para “desconectarnos” del
ruido exterior y volver a colocar a Dios en el centro. Tenemos el recurso de la
escucha de la Palabra de Dios, no como un mero ejercicio intelectual, sino más
bien como un camino para sensibilizar el oído y captar las injusticias del
mundo actual. “La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud
maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de
nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se
disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas”, resalta el mensaje.
Una de las prácticas más
comunes de la Cuaresma es el ayuno. El Pontífice actualiza el concepto de
ayuno, que va más allá de la simple privación de alimentos. Lo eleva a una
“poda” indispensable para que la vida cristiana sea auténtica y fuerte.
Aconseja León XIV que “el ayuno debe incluir también otras formas de privación,
destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que solo la
austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana”. Y es que, agrega, “el
ayuno sirve para mantener despierta el hambre y la sed de justicia,
sustrayéndola de la resignación”.
Resulta interesante que, uno
de los ayunos concretos que propone el Pontífice en este mensaje sea la
invitación a “desarmar”, la forma como nos comunicamos, especialmente en los
espacios digitales. El Papa pide el esfuerzo de cada uno por eliminar la
violencia verbal. Nos dice: “Esforcémonos por medir las palabras y cultivar la
amabilidad en la familia, en el trabajo, en las redes sociales, en la vida
pública y en las comunidades cristianas, para que muchas palabras de odio den
paso a palabras de esperanza y de paz… Pidamos la fuerza de un ayuno que
alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca
el espacio para la voz de los demás”, enseña.
Otro de los aspectos
importantes del mensaje cuaresmal de León XIV, que ocupa un par de páginas, es
proponer la conversión no solo como un camino personal o asunto privado del
individuo, sino que debe proyectarse en la manera como nos relacionamos con los
demás y en nuestro compromiso social. Dice el Papa: “La conversión no concierne
solo a la conciencia individual, sino también al estilo de nuestras relaciones,
a la calidad del diálogo y a la capacidad de dejarnos interpelar por la
realidad”. A esto añade una invitación final a vivir estos cuarenta días como
una oportunidad de “reinicio espiritual”, buscando que las comunidades
cristianas se conviertan en espacios donde la escucha nos lleve a caminos de
liberación.
Escuchemos en la intimidad
del corazón la Palabra del Señor y su llamado al cambio de estilos de vida, en
medio de tanta dispersión digital; favorezcamos tiempos y espacios para la
interioridad, que nos muevan a salir al encuentro de los hermanos con autenticidad
y transparencia. De modo que podamos contemplar el mundo y su historia con los
ojos de la misericordia. Como bien lo precisa el Papa agustino, que la Cuaresma
sea el tiempo para “volver a respirar y volver a amar”.
Como Iglesia que peregrina
en Venezuela, nos encontramos ante el enorme reto de ser instrumento de unidad,
un punto de encuentro para todos, un “hogar y escuela de comunión”, como dijo
San Juan Pablo II. En medio de la fragmentación social, nuestro papel es ser
puentes y no muros, actuando como una voz profética que llama a la
reconciliación y la paz.
Durante esta Cuaresma, en la
profunda crisis nacional en todos sus aspectos, urge de todos los bautizados su
aporte para que cada parroquia y comunidad cristiana sea testimonio de
comunión, un oasis de fraternidad, un espacio de encuentro, escucha y acompañamiento,
generando signos de consuelo, sanación de las heridas, perdón y misericordia.
La campaña Compartir, que realizaremos durante la Cuaresma, tiene como
lema “Sanar la herida. Abrazar la vida”. Trabajemos para aprovechar esta
oportunidad, unir voluntades en busca de fraternidad y reconciliación. María
Dolorosa, al pie de la cruz, sea nuestra compañera de camino y esperanza para
todos.
Mérida, 22 de febrero de 2026