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En una de tantas. Foto: G. Montilla

Alexis Montilla: El caballero que convirtió la memoria en futuro por Jorge Villet Salas



Alexis Montilla: El caballero que convirtió la memoria en futuro por Jorge Villet Salas

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Mérida, nuestra tierra de montañas y nieblas, amaneció distinta ayer 17 de abril de 2026. La lluvia persistente y el frío cordillerano parecían acompañar el adiós a Romer Alexis Montilla Delgado, el hombre que transformó el turismo venezolano y que, con sus pueblos de ensueño, enseñó a generaciones enteras que la historia podía vivirse, no solo contarse.

Nacido en Chachopo, Alexis creció en un hogar humilde, rodeado de tradiciones que marcaron su sensibilidad. Recuerdo cuando, una y otra vez, me contaba ese inicio al lado de su papa Mario, de su mamá Ninfa, y de sus hermanos allá en esa casa de aquel potrero frío del Chachopo viejo. En su historia se unían nombres, frases y modelos de vehículos. Risas y momentos de silencio. Así era Alexis.

Desde joven entendió que la memoria cultural podía convertirse en motor económico y social. Modeló la iglesia de Chachopo, luego la construyó en la Venezuela de Antier; realizó actos culturales en el Ker María, después en un circo, y luego en pueblos y comarcas por donde andaba para que ahora se hagan presentes, hasta siempre, en los escenarios de sus creaciones. Tuvo muchos emprendimientos, pero en El Caney fue un detenerse y comprender que atendiendo, cada día, a un señor camionero en la madrugada era hospitalidad; después, al ver la montaña que estaba al frente de su restaurante su imaginación lo llevó más lejos: quería que la gente entrara en la historia y formara parte de ella. Comenzó a construir Los Aleros.

 

Los pueblos de ensueño

 

En 1984 inauguró Los Aleros, un pueblo temático que recreaba la vida andina de los años 30. Allí, los visitantes no eran simples espectadores: conversaban con personajes, recorrían calles empedradas y se sumergían en una época que parecía revivir. Logramos ir, de nuevo, a la botica, a la bodega, al botiquín, a conocer el “último peluquero que peluqueó a Bolívar”, ir de nuevo al cine, descubrir espantos y amar la naturaleza viva de ese páramo majestuoso.

Luego vendrían La Venezuela de Antier (1991), un viaje por las regiones del país en tiempos de Juan Vicente Gómez; y La Montaña de los Sueños (2002), dedicada al cine, la radio y la televisión. Cada parque era un homenaje a la identidad venezolana, un museo vivo donde la nostalgia se convertía en experiencia. La historia no quedó en esos espacios, todos los días había un proyecto nuevo. Nos invitaba, nos montaba en su Jeep (verde militar, seguro de la II Guerra Mundial) y nos llevaba, por esos campos, a conocer el proyecto del estado Yaracuy, del Salto Ángel, de María Lionza, perdida ahora en la montaña; luego non sentábamos a conversar de esto y de aquello y acudíamos a tomarnos un café en el estado Trujillo, a ver la molienda de la caña y recibir los aromas dulces de un trabajo que nunca se detendrá, ese que dejó Alexis.


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Reconocimientos y resiliencia

 

La Universidad de Los Andes le otorgó el título de Doctor Honoris Causa en Innovación y Emprendimiento, reconociendo su aporte cultural y turístico. Siempre me recriminó que no lo acompañé a ese acto. Siempre le di alguna explicación que escuchó, en ese momento de silencio de su reflexión permanente. “Coño, ya eres Doctor, Alexis” y se le nublaban lo ojos. Creo que ese homenaje le marcó el alma, le dejo una huella imborrable, así como cada uno de los recibidos, justamente, a lo largo de su vida. “Una vida y mil mandados”, decía ayer Néstor Trujillo.

Su liderazgo se hizo evidente cuando, tras las inundaciones que golpearon a Mérida, encabezó la recuperación de sus parques y de los espacios aleñados, demostrando que los sueños también saben resistir, saben soportar y saben echar hacia delante. Esas palabras que le salieron de los más profundo fue, desde mi punto de vista, el inicio de una Campaña Admirable por Mérida. Campaña que, por cierto, no aún ha terminado.

 

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El Alexis cercano

 

Más allá del empresario, estaba el amigo. Recuerdo una tarde, de las tantas, en Los Aleros: caminábamos bajo la llovizna y me dijo, con ese rostro enjuto que lo caracterizaba: “Lo importante no es que la gente vea casas viejas, sino que sienta que está entrando en la historia de su país”. Así fue. La obra de Alexis, de ese amigo, permitió que los visitantes entraran en la historia, formaran parte de ella, vivieran cada momento y sintieran el peso del tiempo.

El Alexis amigo era cercano, se preocupaba por las cosas de uno, preguntaba por la familia, los hijos. Su angustia era el país y, sobre todo, Mérida. Escuchaba todos los días mi programa de radio, y simbólicamente existía ese nexo permanente. Me relató su vida completa. Nos reímos juntos y, en muchas oportunidades, Lalo nos miraba a lo lejos cuando me contaba historias que alguna vez daremos a conocer.

Ese era Alexis: un hombre que hablaba de proyectos como quien habla de afectos. Su trato era cálido, hospitalario, siempre dispuesto a escuchar. Para quienes compartimos con él, era un anfitrión único, capaz de convertir una conversación en una lección de vida.

 

El hombre detrás del mito

 

Alexis era un soñador incansable. En reuniones nos hablaba de proyectos futuros como si fueran ya realidades palpables. Su visión era la de un país que se reconoce en su historia y la celebra con alegría.

Recuerdo que en una conversación me dijo: “El turismo no puede ser solo contemplación, debe ser participación. La gente debe sentirse parte de lo que ve”. Esa frase resume su filosofía y explica por qué sus parques siguen siendo espacios vivos, donde cada visitante se convierte en protagonista.

Hoy, sus obras siguen de pie, custodiadas por las montañas merideñas. Pero más allá de las estructuras, su legado es humano: enseñó que el turismo puede ser memoria, emoción y participación.

Alexis Montilla fue, sin duda, uno de los últimos “Caballeros de Mérida”, me robo la frase de Néstor.

Su vida y obra nos recuerdan que los sueños no mueren: se transforman en legado. Y mientras las montañas merideñas sigan custodiando sus pueblos de ensueño, Alexis seguirá vivo en cada visitante que se emocione al recorrerlos. En cada uno de nosotros.

Se nos muere el amigo, el símbolo que marcó un momento en la historia de este país.


Si alguien está en el bronce ese es Alexis.

 

Gracias viejo…