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Por Arinda J. Engelke

23 de Abril: El Triunfo de la Palabra y el Idioma por Arinda J. Engelke



23 de Abril: El Triunfo de la Palabra y el Idioma por Arinda J. Engelke

El 23 de abril no es simplemente una página en el calendario; es el epicentro de un simbolismo que abraza a la humanidad. Es la fecha en la que el mundo se detiene para honrar la palabra escrita y para celebrar la vitalidad de un idioma que nos une a cientos de millones. Fue entre el 22 y el 23 de abril de 1616 cuando la pluma inmortal de Miguel de Cervantes Saavedra se silenció en su hogar madrileño. Cuentan que partió ataviado con el hábito franciscano, pero con el espíritu encendido por haber legado a la posteridad su joya más preciada: Don Quijote de la Mancha.

Aquel adiós terrenal del "Manco de Lepanto" selló la fecha elegida mundialmente para celebrar el Día del Libro. Es un reconocimiento al genio que no solo moldeó el vocabulario que usamos hoy para entendernos, sino que erigió un espejo donde todavía nos vemos reflejados: esa lucha perenne contra los "gigantes" que, a menudo, no son más que los molinos de nuestras propias adversidades diarias. Al coincidir con el Día del Idioma Español, la jornada se convierte en una doble fiesta: un tributo al libro como vehículo universal de cultura y un homenaje a nuestra lengua, tomando a Cervantes como su máximo exponente.

El libro como trinchera y consuelo

En nuestra Venezuela, este homenaje adquiere un matiz de resistencia necesaria. Mientras el mundo se sumerge en la vorágine digital, aquí la lectura ha recuperado su carácter más puro y analógico. Ante los prolongados y exasperantes apagones que silencian las pantallas, los libros han emergido como un refugio emocional e intelectual. En la penumbra, las páginas se vuelven ventanas; en el silencio de las horas sin luz, la voz de aquel hidalgo manchego y su fiel escudero, Sancho Panza, vuelven a cabalgar para rescatarnos del desánimo.

Sin embargo, el universo editorial no ha quedado indemne ante las crisis. La hiperinflación y la lógica prioridad de adquirir alimentos han mermado la capacidad de invertir en nuevas lecturas. Las voces de editores, libreros y lectores resuenan con la frustración ante los precios elevados de los pocos títulos que logran llegar a los estantes o que las editoriales nacionales publican con un esfuerzo titánico.

La voz de la experiencia: Un diálogo de paz

En la entrada de su librería, absorto en la lectura, encontramos a Eduardo Castro Delgado, figura emblemática entre los libreros del país y fundador de la Red de Librerías Kuai-Mare (luego Librerías del Sur), un referente indispensable para nuestras letras. Castro describe una situación apremiante:

"Todo conspira para que esta actividad se encuentre en caída libre. El acceso a la literatura es limitado; los libros importados no llegan y la producción nacional es escasa. Se necesita mucho valor para pagar un promedio de 20 dólares por un título. Si a esto sumamos los constantes apagones que impiden a las personas ver los estantes o procesar pagos, el panorama es de un verdadero colapso".

Para este experimentado librero, es urgente un consenso entre todos los sectores y un llamado de conciencia a quienes gobiernan para otorgar al libro la trascendencia que merece en el progreso de un pueblo. Su reflexión final resuena con una fuerza especial este día: "El libro es y será un diálogo de paz en todos los campos de batalla, y no precisamente en los virtuales".

Este jueves 23, más allá de la efeméride, busquemos ese diálogo. El legado de Cervantes perdurará mientras existan ojos ávidos que se sumerjan con ternura en las aventuras de aquel caballero que vivía "en un lugar de la Mancha". Abramos un libro y permitamos que la palabra escrita siga siendo nuestra mejor herramienta para imaginar el futuro.