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Si la tauromaquia es un pecado, en el templo del toreo se citaron 22.964 pecadores en el cuarto 'No hay billetes' de la feria, que acabaría siendo también el de la cuarta Puerta Grande de Fernando Adrián

FERIA DE SAN ISIDRO – SÉPTIMO FESTEJO

El gozo de pecar en una corrida emocionantísima

Fortes deleita al natural tras caer herido y corta una oreja en la cuarta Puerta Grande de Adrián con un conjunto del Torero de muy seria presencia y juego



FERIA DE SAN ISIDRO – SÉPTIMO FESTEJO

El gozo de pecar en una corrida emocionantísima

ROSARIO PÉREZ

Diario ABC de Madrid

Foto: Plaza 1

 

Si la tauromaquia es un pecado, en el templo del toreo se citaron 22.964 pecadores en el cuarto 'No hay billetes' de la feria, que acabaría siendo también el de la cuarta Puerta Grande de Fernando Adrián. Nadie quería perderse el festejo del día mayor de San Isidro. Ni siquiera los antitaurinos, que se colaron por la mañana en la Monumental para colgar una pancarta en la que condenaban a quienes no cumplían los mandamientos del animalismo: ya saben, el amarás a tu perro más que a tu abuelo; llevarás al gato en un carrito de bebé con su camisita y su canesú... Comentaba un abonado que el letrero ya lo podrían haber exhibido frente a uno de los toros del Torero. Qué corrida más seria, completamente cinqueña, trajo doña Lola Domecq a Las Ventas. Una señora corrida, emocionantísima de principio a fin, de las que venden cara su vida, de las candidatas a premio. Una gozada pecar así: de momento, la tarde de más interés del serial. Por toros y por toreo. Apunten a Fortes, inmenso y puro al natural.

 

Ahí tenían a «Dardillo», que era Dardazo: ¡vaya agujas! Con decisión, ganándole terreno, lo saludó el malagueño a la verónica, pero cuando iba a colocarlo en el peto, el imponente castaño se le venció, lo arrolló y le pegó un volteretón pavoroso antes de aplastar las pezuñas sobre su piel. Asomaba la sangre en el umbral del ojo, con una hinchazón en el pómulo que asustaba. Pero Fortes declinó marcharse a la enfermería y se dirigió a los medios para brindar. Terrorífica la cogida -¡otra vez!- cuando se asentaba con el toro, que le lanzó un hachazo a la pierna y lo pisoteó sin piedad. Ni un palmo de su cuerpo, tallado con el sello de la autenticidad, se libró de las magulladuras. Saúl regresó a la cara con idéntica entrega frente a un animal que volvió a disparar un derrote en el de pecho. Igual le dio: nunca perdió su firme serenidad, sin dar la mínima importancia a la paliza que llevaba en lo alto.

 

Sin un solo aspaviento, pasó a la enfermería para ser operado de una cornada en la pierna, que contusionaba la tibia. Con anestesia local, pues quería rematar su tarde. Y a las ocho y veinte pisó de nuevo el redondel para dar cuenta del quinto. Hasta la plaza de Manuel Becerra llegó el eco de aquel ole por el zurdazo interminable de la apertura. Y en ese pitón se centró, que por el otro era menos claro y agradecido. Aplomadísimo Fortes, que enronqueció más las gargantas en naturales de uno en uno, de conmovedora pureza, tan atalonado, rematando allá, en esa cadera que es mar. Largos y profundos, lo de más cara categoría. De una estocada lo cazó la mano de la alianza, la del compromiso del hombre y del torero. De quien vive como torea y torea como vive. De ley la oreja. Por unanimidad.

 

De otro tono, y en medio de otro ambiente, había sido la del tercero. Qué espectáculo Encarcelado, de estampa antigua. Y cómo lo toreó Fernando Adrián a la verónica, despacito, echando los vuelos adelante. Lances que, de nacer en el sur, hubiesen puesto la plaza en pie. Qué torería brotó luego en el quite de Urdiales, con una media que rebosaba naturalidad. Prometía la embestida del berrendo en negro por esa manera de transmitir. Era un toro muy de público, con arrogancia y movilidad, con el que Adrián mostró una entrega absoluta, pese a la división. Debe ser jodido estar ahí abajo frente a un tío con esas puntas y de tan temperamental casta envuelto en ese ruido ensordecedor. Tuvo altibajos la obra, pero su disposición fue máxima, con ligazón y con Encarcelado descolgando cada vez menos, mientras un sector le recriminaba la colocación. Valentísimas las bernadinas, cambiándole el viaje, antes de hundir el acero. Con los tendidos divididos paseó la oreja.

 

Tremendo susto cuando el imponente sexto lo aupó en el recibo, por fortuna sin hacer presa. No perdonó, sin embargo, a Curro Javier, que se había asomado al balcón en el primer par y en el último lo prendió de espantosa manera por la chaquetilla, a la altura de la axila. Para matarlo. Qué violencia la de Herrerillo. Con la plaza aún conmocionada, Adrián brindó a Alberto Contador, preparado a emprender otra dura etapa, otra vez con el graderío partido en las opiniones. Crispadísimo el clima mientras bajaba las telas al notable y bravo toro, con muletazos de mucho mérito. Ni que el puntillero lo levantara dos veces frenó la pañolada. Quizá pocos recuerden mañana un muletazo, pero su actitud fue encomiable ante un lote muy serio y nada fácil.

 

Un mundo le costaba humillar al fuerte primero, con un inmenso tren delantero, siempre encampanado. Vaya trago pasó Diego Urdiales, sin convicción con el durito Buscón; para colmo, el viento imposibilitaba gobernar los chismes. De una habilidosa estocada lo envió a otra vida. Con el lujo del clasicismo dibujó los naturales al cuarto, de buena condición, con mejor embroque que finales, un toro con muchas posibilidades. Estéticos los derechazos, con el riojano gustándose ahora. Soberbia la estocada, de premio, que despertó algunos pañuelos. Para paladear fueron sus lances al sexto antes de la salida a hombros de Adrián, al que ya nadie podrá arrebatarle su cuarta gloria venteña.

 

FICHA DEL FESTEJO

 

Monumental de las Ventas. Viernes, 15 de mayo de 2026. Séptima corrida. Cartel de 'No hay billetes'.

 

Toros del Torero, cinqueños, de seria presencia y de serio comportamiento, con mucho interés; los hubo duritos, pero también de buen juego.

 

Diego Urdiales, de verde y oro: estocada (silencio); gran estocada (saludos).

Fortes, de berenjena y azabache: estocada desprendida (saludos); estocada desprendida (oreja).

Fernando Adrián, de lila y plata: estocada tendida y descabello (oreja con protestas tras aviso); estocada (oreja tras aviso).