Mérida, Julio Martes 21, 2026, 08:32 pm
Hay hombres que no solo transitan
por las instituciones, sino que las construyen de nuevo. Escribir del doctor
Pedro Rincón Gutiérrez, cariñosamente recordado por generaciones como
"Perucho", es asomarse al abismo creativo de un visionario que entendió
la educación superior no como un fin en sí mismo, sino como el motor de
transformación de un país. Electo en el amanecer de 1958 como rector de la
Universidad de Los Andes (ULA), Pedro Rincón Gutiérrez asumió las riendas de
una academia que apenas despertaba del letargo de las dictaduras. Su gestión,
que se extendió de manera democrática y discontinua por más de 22 años,
redefinió por completo la geografía física, intelectual y espiritual de Mérida
y de toda Venezuela.
Perucho no fue un burócrata del
saber; fue un humanista con bata de médico que concibió la autonomía
universitaria como un dogma inquebrantable. Bajo su mirada, la ULA dejó de ser
un claustro cerrado para las élites locales y se transformó en una universidad
moderna, vibrante, abierta a las corrientes del pensamiento universal y
profundamente comprometida con la investigación de vanguardia. Él comprendió
que el desarrollo científico era estéril sin un sólido soporte humanístico y
ético, una premisa que moldeó cada una de sus audaces decisiones.
Dentro de esta gigantesca
reestructuración universitaria, la entonces Facultad de Derecho —hoy Facultad
de Ciencias Jurídicas, Políticas y Criminológicas (FACIJUP)— ocupó un lugar
central en la visión del Rector Magnífico. El doctor Rincón Gutiérrez entendía
que la reconstrucción republicana de Venezuela requería de juristas y
politólogos con una sólida formación técnica, pero, sobre todo, con una
inquebrantable vocación democrática.
Durante su mandato, no solo se
modernizaron los planes de estudio para adaptarlos a las complejidades del
siglo XX, sino que se impulsó la creación de institutos y centros de
investigación clave en el área social y jurídica. Bajo su cobijo institucional,
la Facultad se convirtió en un verdadero foro de debate nacional, un territorio
donde el pluralismo político no era una concesión, sino el aire que se
respiraba. "Perucho" defendió con vehemencia el rol de la FACIJUP
como el cerebro crítico capaz de interpelar al poder del Estado, formar cuadros
profesionales éticos y diseñar las bases jurídicas del desarrollo regional y
nacional. Hoy, al recorrer los pasillos de Liria, el eco de su insistencia por
la justicia social y el debate libre sigue resonando como un mandato ético para
estudiantes y docentes.
A dos décadas de su partida
física, la figura de Pedro Rincón Gutiérrez adquiere una vigencia casi
dramática. En tiempos donde la universidad autónoma venezolana enfrenta una de
las crisis presupuestarias e institucionales más severas de su historia, como
secuela de las sanciones y bloqueo económico al país, el ejemplo de
"Perucho" se erige no como una simple nostalgia del pasado, sino como
una hoja de ruta para resistir,
reiniciar y seguir luchando. Su legado nos recuerda que la universidad no son
solo sus edificios, sino la voluntad inquebrantable de su gente por buscar la
verdad y la justicia.
El "Rector de Rectores"
nos enseñó que la academia debe dialogar activamente con su entorno, debe
debatir sin interés mezquino. La Universidad de los Andes, con sus núcleos, sus
laboratorios y su identidad cultural, es en gran medida la materialización del
sueño de este zuliano que se hizo andino por vocación y convicción. Escribir
sobre Pedro Rincón Gutiérrez no es un mero ejercicio de memoria histórica; es
un acto de fe en el futuro de la universidad venezolana. Su vida nos demuestra
que, incluso en las horas más difíciles , la luz del pensamiento libre siempre
encuentra un camino para triunfar.