Mérida, Agosto Viernes 21, 2026, 12:05 pm
A todas las venezolanas y venezolanos dentro y fuera del
territorio nacional.
Nadie puede arrebatarles la dignidad, la valentía ni negar el
esfuerzo monumental que han realizado durante décadas. Generaciones enteras de
venezolanos han entregado años de vida, salud, trabajo, marchas
multitudinarias, sacrificios familiares desgarradores e iniciativas
comunitarias heroicas con el único propósito de rescatar la libertad, el Estado
de derecho y devolverle un rumbo próspero al país. Los años transcurridos en
esta resistencia activa demuestran que el pueblo venezolano no se ha rendido ni
ha permanecido indiferente ante la crisis sistémica que mantiene a la nación
sumida en una posición de estancamiento, control social y vulneración continua.
Esa búsqueda incesante de justicia es la prueba más clara de la reserva moral
de una sociedad que se niega a someterse.
El silencio y la resignación deben borrarse definitivamente
del pensamiento colectivo. Es hora de alzar la voz con firmeza para frenar de
golpe todo intento de quienes ejercen el poder por perpetuar el control de la
sociedad bajo un modelo de Estado moldeable a los intereses de unos pocos,
blandengue, manipulable en todo su contexto y diseñado para la sumisión. La
libertad no se ruega, no se mendiga ni se negocia a espaldas de la gente; la
libertad se conquista con determinación histórica. La lucha ciudadana debe
sostenerse de manera independiente, rechazando categóricamente cualquier
alianza con los garantes del desastre actual o con quienes promueven un
continuismo disfrazado de falsa normalidad. Es el momento de superar la
desesperanza inducida y lamentablemente aprendida y mirar hacia el futuro con
verdadero optimismo, convencidos de que la reconstrucción está en nuestras
propias manos.
El Estado venezolano, en la nueva etapa republicana, deberá
responder de manera institucional, garantizando la liberación inmediata e
incondicional de todos los prisioneros de conciencia, el cese de la persecución
judicial y el establecimiento de mecanismos transparentes de justicia
transicional. Esto incluye la indemnización económica y la reparación integral
(médica, psicológica y social) a las víctimas y a sus familiares por los daños
irreparables causados por el arbitrio del poder.
Nos corresponde exigir hasta lograrlo, el desmontaje,
sustitución y desarticulación, con la participación determinante de la sociedad civil, el aparato represivo,
abusivo, hostigante y corrupto que aún tenemos.
Es impostergable y urgente consensuar un plan nacional para
el desmantelamiento definitivo y la sustitución de aquellas instituciones
civiles, militares y policiales que se han transformado en antros de vicios,
impunidad y mafias organizadas. Estas estructuras operan en medio del caos para
agobiar, extorsionar, acechar y vulnerar de forma constante a la sociedad. Se
requiere una reestructuración basada en el mérito, el respeto a los derechos
humanos y la profesionalización.
Debemos por los medios que sean demandar la atención
inmediata a la emergencia sanitaria. El sistema de salud pública se encuentra
en una precariedad absoluta, caracterizado por el desabastecimiento de insumos
básicos y el deterioro de la infraestructura y falta del recurso humano mínimo
suficiente. Es indispensable destinar recursos prioritarios para salvar vidas y
garantizar un servicio digno y gratuito.
Evidentemente son muchas las tareas que debemos emprender
pero nos corresponde comenzar por las áreas que logren la estabilidad y
bienestar de las familias venezolanas, sitiadas, vulneradas y maltratadas
durante décadas por una revolución hambreadora,
corrupta, criminal, mafiosa, inhumana, fraudulenta, delincuencial y hamponil.
El limbo y a su vez torbellino enceguecedor en que se encuentra Venezuela son de
dimensiones descomunales y nuestra deficiente cultura política, la cual debemos
superar permite que los más malos y poco calificados ciudadanos pero ocupados
sin criterio de la política, hasta ahora lleven las riendas del cambio. Hay que
definitivamente arrebatarles el protagonismo y la conducción que se niegan a
ceder.
Cada venezolano dentro y fuera del país debe activarse,
asociarse e integrarse en cualquier punto de encuentro para cumplir con
sentimiento nacionalista la parte que le corresponde. Perseguir, acompañar y
avalar el pasado y todo lo que representa es un acto cobardía, conformismo,
ignorancia y complicidad. Con criterio y responsabilidad convirtámonos en parte
de la nueva Venezuela.
“Solo triunfan quienes superan los temores y se miden con la
grandeza “