Mérida, Septiembre Jueves 24, 2026, 07:35 pm
La inoperatividad de organismos mundiales creados con el
propósito de obligar a todas las naciones a respetar los derechos humanos,
investigar, apresar y enjuiciar a déspotas que cometen crímenes de lesa
humanidad en naciones que tiranizan genera estupor y gravísimas consecuencias
que perdurarán todo el siglo XXI (deduzco).
La OEA, la ONU y la CPI son instituciones «falaciegas»
(neologismo de mi invención) porque no quieren mirar cómo ciertos individuos
con poder de mando sobre repúblicas emprenden guerras fratricidas, fomentan
supremacías y propugnan diversidad de exterminios a modo de shows mediáticos
que menoscaban la majestad de la ciencia política. En la era de la inteligencia
artificial, los genocidios se han convertido en espectáculos circenses de
amplísima difusión.
Esa parálisis del corpus que llamamos humanidad permite que
los desenfrenos del monstruo histórico que los leguleyos denominaban
imperialismo yanqui se muestren, aunque en lo más profundo de sus almas
simpatizaban con él porque tenían parentesco en hábitos o costumbres
abominables. He aquí algunos: censura, bloqueos de medios digitales,
persecución, tortura, vejación, la simulación de hechos y el oprobio doctrinal.
El dramático caso de la Venezuela ultrajada será estudiado durante décadas por
su extrema absurdidad.
El monstruo del imperio prohíbe a los medios de comunicación
no complacientes entrar a su temporal Casa Blanca, centro de operaciones
administrativas y urdimbre de contiendas bélicas de la emblemática Unión de
Estados Americanos, que se publicitaba como incomparable ejemplo de
coexistencia pacífica entre adherentes de distintas ideologías, corrientes del
pensamiento político y creencias religiosas (sin excluir las demoníacas).
Tiene el don de la ubicuidad: es visto simultáneamente en
Caracas, Buenos Aires, Jerusalén, Bogotá, Lima, Abu Dabi y otras capitales de
territorios aliados del todopoderoso ario norteamericano, que expulsa
inmigrantes sudacas condenándolos a experimentar situaciones peligrosas cuando
salgan de lo que presumieron un paraíso de libertarios (sin intenciones
contenciosas, uso el vocablo despectivo popularizado en España).
Venezuela continúa bajo el yugo de una organización cívico-militar-policial muy similar al prototipo de terrorismo de Estado, con riquezas nacionales confiscadas por el monstruo con el don de la ubicuidad que se ha instalado en Caracas. Tiene una central de inteligencia no artificial, un marine jefe, alguien que amaga con parlar diplomáticamente, lacayos, comediantes y sofisticados instrumentos tecnológicos para el control del espacio aéreo y terrestre de la que fue una república más o menos normal, pero bajo el asedio de cazadores de tesoros.
albertjure2009@gmail.com