Mérida, Octubre Viernes 02, 2026, 05:22 pm
El último refugio de las
palabras: adiós a la Librería Temas
Hay decisiones que no se toman con la razón, sino
con el corazón fracturado. Durante años, la Librería Temas no fue simplemente
un comercio; fue un faro, un punto de referencia cultural no solo para nuestra
ciudad, sino para toda Venezuela. En sus anaqueles no habitaban simples
productos manufacturados, sino ideas, consuelos, historias y certezas. Porque
ningún librero abre sus puertas para enriquecerse en términos materiales: el
verdadero capital de un librero se mide en las conversaciones compartidas, en la
recomendación precisa al lector desvelado y en el amor incondicional por la
palabra escrita.
Entre los salones y estantes de Librería Temas se
moldearon vidas y se celebraron lazos entrañables. Fuimos refugio de tantas
parejas que se citaban allí para conversar en voz baja rodeadas de libros;
fuimos testigos complacientes de quienes se conocieron entre nuestros pasillos,
terminaron casándose y, con el tiempo, volvieron llenos de orgullo a visitarnos
acompañados de sus hijos... ¡e incluso de sus nietos!
Guardamos también anécdotas ligeras que nos roban
una sonrisa, como aquella muchacha profundamente enamorada de un joven lector:
ella, que no leía nada, llegó buscando desesperada un libro cuyo título
recordaba vagamente como El Vaca Vaquita. Nuestro deber como atentos
libreros fue descifrar con ternura que se refería al milenario texto sagrado,
el Bhagavad Gita, y guiarla felizmente en su elección.
Otras veces, la responsabilidad del librero tocó
fibras infinitamente más profundas. Recordamos cuando recomendamos con
delicadeza la lectura de Carta a un niño que nunca nació, de Oriana
Fallaci; aquel libro hizo el milagro deseado en el corazón de quien lo leía, la
vida se abrió paso y, tiempo después, la madre regresó a la librería para
presentarnos con emoción al bebé recién nacido.
Y cómo olvidar el día en que un pequeño de unos
ocho años, asiduo visitante de nuestro rincón, llegó caminando con firmeza y
sosteniendo entre sus manos su preciado cochinito de cerámica. Con la mirada
fija en un hermoso libro de cuentos ilustrado que llevaba días admirando, nos
dijo con absoluta determinación: «Puedes romper mi alcancía, creo que tengo
suficiente». Y como el cliente siempre tiene la razón, con un martillo y un
golpe certero abrimos su tesoro. Nos tocó contar con paciencia cada moneda y
billete guardado. Como el monto no alcanzaba —incluso tras el gran descuento
que de corazón le aplicamos—, su padre, que lo acompañaba en silencio, sacó su
tarjeta y completó el faltante para que su hijo cumpliera su sueño. En medio de
la emoción de todos los presentes, hasta las lágrimas, nada se comparó con la
alegría radiante de ese niño cuando por fin pudo estrechar y abrazar su libro
contra el pecho.
Son tantas y tan diversas las anécdotas acumuladas
en estos años que darían, sin duda, para escribir todo un libro.
Lamentablemente, los tiempos difíciles y la asfixia
cotidiana han terminado por cercar nuestro refugio. Vivimos atrapados en una
dinámica vertiginosa donde el dólar imparable impone una carrera contra el
tiempo y donde las familias deben obrar verdaderos milagros diarios para
garantizar el sustento. En este panorama desgarrador, la disyuntiva resulta
cruel e ineludible: ante la urgencia de la subsistencia, el pan siempre se
impondrá sobre el libro, y las medicinas sobre la poesía, por más enamorado que
se esté de la literatura.
A esta crisis económica, al peso constante de los
servicios y a las implacables exigencias de la cosa pública, se le suma la
irrupción implacable de la tecnología. Los libros electrónicos, las pantallas
inmediatas y la presencia omnipresente de las inteligencias artificiales —que
entregan el conocimiento en bandeja de plata al menor esfuerzo— han ido
transformando de manera irreparable nuestros hábitos de lectura y la pausa que
exige el libro físico.
Sostener un espacio cultural bajo esta presión
combinada se volvió una tarea titánica. Hoy nos vemos en la dolorosa necesidad
de bajar las santamarias y anunciar el cierre definitivo de Librería Temas.
Al pensar en esta despedida, resulta inevitable
evocar el universo de Carlos Ruiz Zafón y su célebre Cementerio de los
Libros Olvidados. Decía el autor barcelonés que «cada libro, cada tomo que
ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió y el alma de quienes lo leyeron y
vivieron y soñaron con él». La Librería Temas fue, a su manera, un guardián de
esas almas y de las vidas de todos ustedes. Y aunque el espacio físico apague
sus luces, cada encuentro, cada sonrisa y cada historia que floreció en nuestro
rincón seguirán vivos, resistiendo al olvido en el corazón de nuestra memoria
colectiva.