Mérida, Octubre Viernes 02, 2026, 05:23 pm
Dedicado a los presbíteros que hoy leen
y ven con reserva la IA
“…sacerdote
de rancia estirpe cristina; hombre bueno y fiel, que fue amante de la teología”
https://elnuevopais.net/tag/hombre-bueno-y-fiel/?filtered=atoz
Me
sorprendió gratamente leer con motivo de la muerte del Pbro. Ramón Emilio Pernía Noguera a título de macheta en el Diario El Nuevo País, el epígrafe que sirve de
preámbulo a la presente crónica, quien
la escribió lo conocía muy bien, ya que sintetiza su integridad y coherencia
como sacerdote descendiente de familias profundamente arraigadas en la fe y
vida religiosa por generaciones, tanto en Pregonero como en La Grita y pueblos
sur merideño; que destacó por sus virtudes morales, sus principios y votos sacerdotales,
bondad sin tacha y su pasión por el estudio de Dios, la fe y los dogmas
religiosos por ser un profundo conocedor de la teología bíblica, gracias a sus
interminables lecturas de Platón y San Agustín, una combinación clásica, en la
que buscaba comprender las raíces de la filosofía occidental y de la
antropología cristiana. Sumado a su predilección por uno de los teólogos más
influyentes del siglo XX, el cardenal jesuita Henri de Lubac (1927-1983), contemporáneo
suyo y pieza fundamental del Concilio Vaticano II.
Entre
sus papeles se encuentran recibos con el pago contra envió en los 70 a Les
Ediciones Ouvrieres de autores como: F.X. Durrwell, P. Hari, J. Sainssavin, A.
Ironde y D. Hameline, la Editorial SAL TERRAE (Santander), La Biblioteca de
Autores Cristianos, las Éditiones Garnier Freres, la Editorial Verbo Divino y
la suscripción de la revista SIC, entre otras; que recuerdo en este momento,
cuando escribo de memoria, que ya empieza a fallar. Lo que nos revela que el padre Pernía era un sacerdote con una
formación intelectual y teológica muy sólida, que no sólo se quedó en el
pensamiento clásico sino que incursionó en la renovación teológica del siglo
XX. Para la época no era fácil mantenerse actualizado por lo costoso y lejano de
las parroquias donde ejerció. Algunas de esas editoriales parisinas estaban
ligadas a los movimientos sociales y con autores muy centrados en temas por
demás específicos como la ya mencionada Biblioteca de Autores Cristianos (BAC)
con sus famosas ediciones bilingües de los Padres de la Iglesia y Santo Tomás.
Además de su suscripción a la revista SIC fundada por el Centro Gumilla de los
Jesuitas en 1938 lo que lo conectaba también con el análisis crítico de la
realidad social, política y económica de Venezuela. Se haría interminable la
lista de sus lecturas en castellano, latín, inglés y francés.
En una
de sus primeras libretas o la primera de apuntes de bolsillo destacan una serie
de frases cuidadosamente anotadas y algunas comentadas: el Domingo de
Resurrección, 6-4-47, aun no se había ordenado, “Cuán bueno es Dios y qué Madre
es la iglesia” y s/fecha “Creemos que la Providencia nos humilla, y
apelamos a la casualidad, que nos insulta; es decir, que por no inclinar la
cabeza ante Dios, doblamos las rodillas ante nuestra ignorancia” (José
Selgas) Reflexión = examen determinado de una cosa que hace el alma. Igualmente
cuando viaja por primera vez a Bogotá a finales de octubre de 1950 a comprar
los ornamentos para su ordenación, nos deja una lista detallada de quienes le
colaboraron, apunta algunos libros que desea comprar o compró y anota la
dirección librerías Acción A.343 y del Corazón de María calle 10. N° 15-70,
Bogotá, entre muchas otras. La libreta sobresale por la lista de libros y todo
un dossier de las librerías de Caracas: Las Novedades, La Torre, Cultura, Paseo
Capitolio y del Maestro que nos señalan que sin lugar a dudas el padre Pernía fue un enamorado de los
libros y de la lectura.
Es
oportuno considerar dentro de su profunda formación teológica y humanística, además
de su capacidad lectora y crítica, es que en la mayoría de los libros de su
biblioteca se encuentran hojas con apuntes y resúmenes. En el caso de su
biografía en el libro de los Hijos Ilustres de Bailadores la subraya, la tacha
y corrige los errores.
El
padre Pernía representa el perfil de un clérigo intelectual de vanguardia para
su época: un hombre que leía directamente en francés e inglés o latín, que
seguía de cerca las corrientes teológicas europeas que renovaron la Iglesia en
el Vaticano II, pero con los pies firmemente asentados en la realidad social de
su entorno. Sus homilías centradas en la teología las esquematizaba en
cuadernos. Nunca improvisaba. Su profunda preparación doctrinal y su capacidad
para conectar los textos sagrados con el análisis teológico formal era notoria,
lamentablemente su incapacidad para hablar le impidió llegar más lejos con su
carrera sacerdotal.
A diferencia de las predicaciones de ahora basadas
puramente en la improvisación o la emotividad, algunas o muchas extraídas de la
IA, difieren mucho del estilo del padre
Pernía que se caracteriza por una estructura rigurosa, donde el texto
escrito sirve como un canal preciso para transmitir la complejidad de la fe.
Sus sermones no se limitaban a la reflexión moral básica, sino que profundizaba
en la cristología, la eclesiología y la patrística. El hecho de prepararlas
antes, le garantizaba una precisión y evitar caer en el simple cuento o vida
personal anecdótica. El enfoque del padre Pernía funcionaba como piezas de catequesis
que buscaba elevar el nivel religioso, intelectual y de fe de sus fieles.
Me contó el Cardenal Porras Cardozo, que siempre cuando
lo visitaba en Palacio, revisaba cuidadosamente su biblioteca y con ojo clínico
seleccionaba los mejores textos de teología, al devolvérselos se los comentaba
y muchas veces con anotaciones al margen. Al igual intercambiaba libros con el
padre José Goor otro extraordinario lector cuya biblioteca reposa en el Centro
de Saberes Tovar a mi cargo, ¡Cuánto hubiese dado por escuchar una conversación
entre estos dos sabios! Que ocasionalmente se visitaban, a pesar de posiciones
quizás antagónicas.
Concluyo simplemente reafirmando que sacerdotes como estos son inmarcesibles, su vida ejemplar y obra deberá quedar grabada en el Templo de los Inmortales, que es el corazón del pueblo creyente. ¡Señor danos muchos sacerdotes como el padre Pernía y José Goor, que sean buenos lectores y no se conformen con la magia de la IA!