Mérida, Octubre Sábado 03, 2026, 05:26 pm
No soy ingeniero eléctrico ni especialista en sistemas
de potencia. Soy un merideño más que escribe estas líneas entre bajones de luz,
que ha visto la angustia de los comerciantes bajando las santamarías antes de
tiempo, la comida dañada en las neveras y a nuestros muchachos estudiando a
oscuras. Sin embargo, no hace falta un doctorado en energía para comprender una
verdad elemental: Mérida no puede seguir paralizada de brazos cruzados,
esperando que una solución milagrosa baje desde Caracas mientras la ciudad se
apaga lentamente.
Es cierto que la red nacional es competencia del poder
central, pero entre la resignación colectiva y la excusa del inmovilismo existe
un margen de maniobra municipal que estamos ignorando. La “pobreza energética”
que padecemos a diario no es únicamente la falta de luz en un bombillo; es el
freno al desarrollo educativo, el ahogo de la producción local y una amenaza
directa a la salud de nuestras familias.
Viendo las cosas con el simple sentido común de un
ciudadano, las alternativas están a la vista. Si Mérida cuenta con la ventaja
envidiable de la Universidad de Los Andes (ULA), ¿por qué no aliarnos con el
talento de sus facultades para diseñar microredes fotovoltaicas y auditar el
consumo local? Si los comerciantes e industrias de arterias clave como las
avenidas Las Américas, la Urdaneta o los viaductos hacen malabares para
mantenerse a flote, ¿por qué la alcaldía no aplica incentivos en el impuesto municipal
(ISAE) a quienes inviertan en autogestión solar?
No se trata de vender ilusiones ni de prometer
milagros de la noche a la mañana. Se trata de priorizar donde más duele:
impulsar ordenanzas que permitan, promuevan y orienten la organización comunal
y comercial para producir, gestionar y utilizar energías limpias bajo reglas
democráticas, generando beneficios ambientales, económicos y sociales para
nuestro entorno.
Asimismo, es necesario migrar hacia un alumbrado
público impulsado por paneles solares en calles, parques y avenidas. Aprovechar
la radiación solar para iluminar la ciudad no solo reducirá la dependencia de
la red eléctrica convencional, sino que devolverá la seguridad y la
dinamización económica a nuestros espacios públicos.
El municipio Libertador reúne la geografía favorable,
la academia de vanguardia y la urgencia histórica para tomar la iniciativa. No
esperemos a que nos devuelvan la luz desde el centro del país: hagamos de
Mérida el primer municipio energéticamente autosuficiente de Venezuela. El sol
merideño sale para todos; solo nos falta la voluntad política y ciudadana para
iluminar el camino.
Apostar por la tecnología solar no podrá ser
únicamente una medida paliativa cuando la gestión municipal decida actuar;
tendrá que convertirse en el cimiento de una transformación cultural profunda
para Mérida. Si el gobierno local asume la transición energética como una
verdadera visión de ciudad, la tecnología se transformará en pedagogía
ciudadana.
Cada panel que se instale a futuro en una escuela
municipal, cada espacio público iluminado con energía limpia y cada incentivo a
la autogestión le recordarán al merideño que la responsabilidad ambiental es un
pilar de soberanía local. Convertir el sol en nuestro aliado no solo nos
librará del colapso; sentará las bases de una Mérida resiliente, sustentable y
capaz de definir su propio futuro.
¡Por la Mérida que nos pertenece, lo haremos bien!