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Por Miguel A. Jaimes N.

LA DIFICULTAD DEL CARIBE por Miguel A. Jaimes N.



LA DIFICULTAD DEL CARIBE por Miguel A. Jaimes N.

El cambio de siglo marcó un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos. La tesis de que el poderío marítimo era la clave para la grandeza nacional, articulada por Alfred Thayer Mahan en su obra The Influence of Sea Power Upon History, 1660-1783 (1890), encontró un terreno fértil en la élite política estadounidense.

Alfred Thayer Mahan sostenía que las naciones que controlaban los mares intervenían el comercio y, por ende, la riqueza y el poder. Su visión era expansionista y competitiva, y veía en el mar el escenario principal donde se decidiría la suerte de las naciones. Esta idea fue adoptada con entusiasmo por Theodore Roosevelt, quien, como Subsecretario de la Marina y luego como Presidente, impulsó la modernización de la flota estadounidense. El documento original capta esta esencia al señalar que es el mar con sus amos no cuestionados donde se daban los puntos de encuentro para que las potencias reclamaran lo que les deseaba pertenecer.

La posición geográfica de Estados Unidos, con costas en dos océanos, era vista como una ventaja estratégica única. Por eso la construcción de un canal en Centroamérica se convirtió en una prioridad para conectar ambos océanos y facilitar la proyección del poder naval. Como se menciona en el texto, la probable capacidad de atravesar el Istmo lo cual se logró posteriormente.

En un principio era navegar juntos; Estados Unidos y Gran Bretaña. Esto debió haber sido considerado entre ellos como algo beneficioso para ambos. Pero los intereses entre una y otras naciones estaban por encima de lo que aquellos hombres pudieron imaginar. Venía el canje de un imperio por otro, al menos era la decisión sobre América Latina y el Caribe.

Para inicios de 1900 surgían las pretensiones de control sobre esta parte del subcontinente en América, desde Washington presentía que ellos mismos no estaban preparados, o al menos habían dejado de percibir un firme y verdadero interés por el mar.    

Desde allí se reflejaba ese Norte y Sur de 1861 cuando se lanzaron a las armas. Pero nadie dejaría de ver en el mar su función general contraria al mundo en toda su cubierta. Para los llamados “ciudadanos Norteamericanos” debían verlo como una visión fornida, recia, potente, y estos adjetivos deberían ser propios al destacarse un liderazgo entre ellos mismos.
Desde allí fueron confeccionando aquella guía como la de su prosperidad nacional. Así destacaron su importancia gubernativa respecto al mundo y a su interés de bienestar nativo. Pero veían con cierta fulguración una raza latina y caribeña que hasta ahora venía identificándose con Europa.

Aquello para los norteamericanos comenzaba a ser no menos en su definición que un oasis, y en ese espacio estaba América Latina y el Caribe. Para ellos ese barullo no era una barbarie en medio de un desierto. Todo venía desgarrándose desde ese entonces por problemas internos, pero había una diferencia; aquellos eran pueblos de pelea con fortaleza y tal organización que les permitía tener fuerzas físicas suficientes para contener cualquier intervención extranjera.

Desde ese momento los norteamericanos definían a sus contrincantes -latinos y caribeños- como terribles pues las advertencias así lo informaban. Por eso sus jóvenes en edad influenciable eran provistos de disciplina militar para tener autoridad y ley con la cual no escapan a la propia actitud de vigilancia armada, eso era lo que les imponían desde ese entonces como potente estímulo militar el cual dejaba excelsos resultados en contra de cualquier anarquía.

Los norteamericanos veían como solución lo que ellos llamaban anarquía la cual no era más que los movimientos de liberación que aún continuaban sus luchas después de guerras federales y de independencias, cuando todos luchaban contra España, Inglaterra y Holanda, entre otros, ahora Estados Unidos buscaba la forma de meterse y controlar.

Definían a los nacionales de estas latitudes como “animales”. Sus críticas eran acérrimas al destacar que los representantes de otras civilizaciones en ese momento débiles habían logrado como acuerdo que sus contrincantes bajaran las armas y esto relajará sus músculos morales, y que la lucha contra los “animales” los convertiría en ganado de engorde apto sólo para la carnicería.

Para los norteamericanos en América Latina y el Caribe la lucha se asemejaba al igual que cuando cayó Cartago, y Roma se sintió segura buscando el camino hacia la dominación del mundo. Pero sin un enemigo de su tamaño su reino sólo buscó la paz universal. Todo pasó en aquellos tiempos en que las diferencias se ubican en desafueros inútiles de guerras ocasionales, o en desacuerdos internos, políticos o sociales.

Las armas caían y Estados Unidos no estaba dispuesto a esa paz, ellos querían dominar y ser desde ese tiempo en adelante los amos de los nuevos tiempos. Ver como las luchas de aquellas civilizaciones se extinguen eran sus tiempos y no los suyos.

Hasta más pronto...

Miguel A. Jaimes N.
venezuela01@gmail.com
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