Mérida, Octubre Jueves 15, 2026, 08:42 pm
Hay hombres que transitan una vida común. Sin embargo, todo venezolano emprende sueños mayores, aunque sea por la fuerza de las emociones. Es así como comienza en cada venezolano una lucha cuya causa lo motiva a trascender más allá de lo propuesto. De esa misma madera estaba hecho “el viejo Barreto”, como le solían decir los buenos amigos y compañeros a Oswaldo Barreto Miliani (1934-2017), un hombre que abrazó la fragua de las transformaciones políticas en Venezuela. En una entrevista con el periodista Argentino Mario Szichman, Barreto había dicho: “nunca tuve interés en la política”; a pesar de convertirse en militante y después en guerrillero. Prosiguió: “soy un pensador que se convirtió en un combatiente (…) y existe una cosa llamada carácter nacional. El carácter del venezolano radica en su afición a actuar por simple impulso. Los venezolanos tienen el hábito de lanzarse a la lucha. No porque crean en ella o les preocupe de qué se trata, sino porque la lucha está ahí, está ocurriendo, y Venezuela tiene una larga historia de arrojarse a la acción y de pelear. La mejor razón para ello es que ha surgido una buena oportunidad para hacerlo”.
La familia
Barreto Miliani provenía de Mérida y Trujillo. Los padres de Oswaldo Barreto
Miliani fueron Felipe Antonio Barreto Briceño y Camila Esther Miliani Araujo.
Ellos eran ocho hermanos, de los cuales tres fueron guerrilleros: Oswaldo
Barreto Miliani (filósofo), Irma Barreto Miliani (periodista), y Marina Barreto
Miliani (socióloga). Su hermano Iván Barreto Miliani nació en San Cristóbal de
Torondoy, estado Mérida, y a los 19 años es asesinado por la Digepol el 14 de
marzo de 1962 en las
montañas del Chara.
A Oswaldo
Barreto Miliani lo conocí una vez en Mérida a través del desaparecido colega
periodista Ángel Ciro Guerrero cuando era jefe de prensa del gobernador William
Dávila Barrios. Oswaldo Barreto Miliani también había sido compañero de lucha
de Alberto Tirso Meléndez. De esos personajes siempre hubo aprendizaje a través
de cada una de sus conversas, ya que ofrecían grandes lecciones en cada
discusión, al abordar sus temas políticos y sociales que les instaba a dar el ejemplo
en cada una de sus tertulias.
Venía
el viejo Barreto de una dinastía de líderes y caudillos que fueron fundamentales
para la gente de Trujillo desde el siglo XIX, descendientes del general Juan
Araujo y de sus beligerantes hijos. Fue la última representación del león de la
Cordillera que habitó entre nosotros. (Elías Pino
Iturrieta, El Nacional, abril de 2017).
A partir de
las andanzas del viejo Barreto, se conoce que anduvo por los estandartes de la
revolución contra la democracia representativa de Acción Democrática (AD) y del
Partido Socialcristiano Copei junto a otros grupos políticos, en su descontento
por las políticas de represión de Rómulo Betancourt. Por ello, Barreto Miliani se
sumó a la guerrilla que llevaba el Partido Comunista de Venezuela (PCV), en las
Montañas y en la ciudad, Oswaldo Barreto Miliani va a acompañar estas luchas
por un largo tiempo al igual que su compañero y amigo Teodoro Petkoff.
Ambos venían
de combatir la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, por la que sufrieron torturas
y cárcel. El viejo Barreto se destacó como líder y militante revolucionario de
verdad, no como tantos que dilapidaron el país con discursos vacíos que nos dejaron
miseria y hambre a su paso. El viejo Barreto nos enseñó su lucha por una república
decente y de justicia.
El viejo
Barreto fue un intelectual de la izquierda democrática venezolana, y en su
trayectoria política se desempeñó como hombre de operaciones globales. Fue perseguido
por la CIA y la KGB, que recopilaban documentos sobre sus travesías. El viejo
Barreto fue asesor de Fidel Castro, también amigo cercano del derrocado
presidente de Chile Salvador Allende, y de Ernesto Guevara de la Serna, el Che.
Barreto
planificó liberaciones en tres continentes; se sumó a la liberación de Argelia
a combatir, y allí conoció figuras destacadas como el marroquí Mendi Ben Barka,
a quien sus enemigos lo secuestraron y asesinaron en París en octubre de 1965 en
un complot liderado por el general Muhammad Oufkir, entonces ministro del
Interior de Marruecos, con la ayuda de agentes de la policía francesa, así como
de miembros del servicio de inteligencia francés, y del Mossad.
En su vida
personal, Barreto Miliani estuvo casado con una líder de la rebelión kurda en
Irán. Fue profesor de la cátedra de Teoría del Conocimiento en la escuela de Educación
de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Como filósofo y sociólogo hablaba
varias lenguas, y debido a sus extraordinarias travesías se le llegó a
considerar un gran analista político, estratega y revolucionario verdadero de
cuerpo entero a quien sus amigos y enemigos respetaban. Ellos afirmaban que el
viejo Barreto unía la acción armada con la profundidad académica y filosófica
de su compromiso político.
Su reconocida
labor de analista y articulista en el diario Tal Cual se hizo evidente junto a
su compañero y amigo de luchas Teodoro Petkoff. Se le conoce por su ensayo Sartre
y la desmilitarización de la cultura (1962). Fue inmortalizado por la
escritora británica Lisa St. Aubin de Terán (quien actualmente tiene 73 años) en
su novela Swallowing Stones, también publicada como Otto, o Deckname
Otto. Otto, como se hacía llamar el viejo Barreto, era primo del primer
marido de la autora, Jaime Terán.