Mérida, Mayo Sábado 30, 2026, 11:52 am

Inicio

Entretenimiento



Diario Frontera, Frontera Digital,  Entretenimiento, ,Decepción general cuando Pablo Aguado corrió turno en el segundo,Ni la magia de Talavante salva una corrida soporífera
Decepción general cuando Pablo Aguado corrió turno en el segundo

FERIA DE SAN ISIDRO – DECIMONOVENO FESTEJO

Ni la magia de Talavante salva una corrida soporífera

Corta una oreja a un noble sobrero de Torrealta en una escalera de Garcigrande de más peso que motor, con un remiendo de 715 kilos



FERIA DE SAN ISIDRO – DECIMONOVENO FESTEJO

Ni la magia de Talavante salva una corrida soporífera

ROSARIO PÉREZ

Diario ABC de Madrid

Fotos: Plaza 1

 

¿Querían ver ustedes a «Exiliado»? Pues cerca de las nueve y media apareció aquella mole de 715 kilos. Desterrado se quedó en el corral de los sobreros, pero había generado runrún desde el sorteo por su tonelaje. Aquella montaña de carne, a contraestilo de las hechuras del toro bravo, no traía aroma de laureles. Acusó su romana y no le sobró el fuelle: tercer pañuelo verde. Ya habían salido los dos sobreros anunciados en el programa y la gente se preguntaba qué aparecería por chiqueros. Pues uno de Torrealta al que las fuerzas tampoco lo acompañaban. Y eso que Pilar Prado había lidiado antes a «Curioso», un sobrero que regaló las más rítmicas embestidas y con el que la magia de Talavante alivió, pero no salvó (la tarde no la salvaba ni Belmonte resucitado) el tostón. De soberano sopor. Ni buena ni mala, ni mala ni buena, fue la corrida de Garcigrande, que navegó entre dos aguas: las del querer y las del apenas poder. Una escalera, presentida ya desde que hubo que reconocer una docena de toros para que se aprobasen siete. Qué ojo el de los veterinarios. ¡Vaya tardecita! Insufrible y con una largura que nunca acababa. ¿Allí nadie había quedado para cenar?

 

La santa afición aguantó en la piedra, aunque el sol abrasador y el alcohol del viernes hiciesen sus estragos: menuda bronca se formó en la grada del 7. Y fue en ese tendido donde se protestó la oreja de Talavante, una oreja ganada con listeza y redondez al de Torrealta. Al extremeño no le había agradado nada de nada el voluminoso quinto, con una alzada descomunal, pero estrechito de sienes. Renqueaba de los cuartos traseros, aunque elevó hasta derribar al caballo de picar. Alejandro se hizo cargo de la lidia y no paró hasta que tiró a «Frailón»: sólo le faltó extender el capote como una toalla de playa para que el garcigrande perdiera las manos. Objetivo conseguido: moquero verde. El gesto de Justo Hernández en el callejón hablaba por sí solo: si al torero no le gustó el toro, al ganadero -que es un ganadero genial- no le gustó que el torero hiciera lo imposible para devolverlo.

 

A las nueve asomaba el quinto bis alargando una tarde soporífera. Como consuelo quedaba el encuentro entre Talavante y «Curioso», un serio tacazo. Echaba las manos por delante el de Torrealta, de contado poder, aunque su aire era muy bueno, con ritmo y calidad. De rodillas se postró el pacense en la apertura, con un pendular en el umbral de esa Puerta Grande que ya ha cruzado en siete ocasiones. Qué mérito remontar un festejo que pesaba como el Menhir de Kerloas. Por ambas manos dio templada fiesta a «Curioso». Inspirado, creyéndoselo y calando en los mojados tendidos. No por la lluvia, sino por el sudor que recorría las pieles. Una bendición su original obra, con encaje y sabor. Para acabar metido entre los pitones en reunidas luquecinas -en todas las direcciones-, muy aplomado y sereno. Despacito, aguantando los parones del nobilísimo torrealta, con el que puso expresión. Sonaron palmas de tango de aquellos que temían la oreja antes de que la figura de Badajoz se perfilase para matar. De una estocada lo tumbó y paseó feliz su trofeo.

 

Buena imagen de Morenito de Aranda, siempre pendiente de la lidia y con decidida actitud. A la puerta de chiqueros se fue a recibir al que abría plaza, astifinísimo y despegado de tierra. Poco se pareció este «Orgulloso» al mítico «Orgullito» indultado en Sevilla por El Juli. Colosal la estocada del burgalés, de las candidatas a premio. Saludó una ovación, como en el cuarto, brindado a un niño partidario. Escarbaba el toro, con su fondo humillador, al que le extrajo su contenido con honestidad en series de dominio y desmayo. Rara había sido la pelea en varas de este «Naviero», con el cuello girado y el pitón bajo el peto. Vaya tela con el presidente: inoportuno segundo aviso cuando el animal doblaba las manos.

 

Decepción general cuando Pablo Aguado corrió turno en el segundo -estaban locos por ver a «Exiliado»- y salió «Visitante», con el que anduvo acompasado a la verónica y galleando con gracia y sevillanía por chicuelinas. Si el titular no estaba sobrado de fortaleza, el que iba a ser sexto tampoco. Tanta calidad portaba como falta de vida. Las caricias y la estética del sevillano no bastaron para aupar aquello; para colmo, traía otra vez el acero desafilado. Echaron para atrás el de los 715 kilos y acabó la interminable corrida con un torrealta que no dijo nada; la feliz noticia fue que sí lo cazó. Ni el mágico recuerdo de Talavante salvaba la tarde.

 

FICHA DEL FESTEJO

 

Monumental de las Ventas. Viernes, 29 de mayo de 2026. Decimonovena corrida. Cartel de 'No hay billetes'.

 

Toros de Garcigrande, incluido el sobrero (lidiado en sexto lugar) y Torrealta (5º bis y 6º bis), desiguales de presencia, faltos de casta y empuje en general.

 

Morenito de Aranda, de azul rey y oro: gran estocada (saludos); estocada tendida (saludos tras dos avisos).

Alejandro Talavante, de grana y oro: pinchazo, media atravesada y descabello (silencio); estocada pelín contraria (oreja tras aviso).

Pablo Aguado, de teja y oro: tres pinchazos y estocada (silencio); estocada algo atravesada y descabello (silencio).