Mérida, Julio Miércoles 29, 2026, 08:27 pm
A la fecha de hoy, finalizando el mes de julio de 2026, el mapa político
venezolano ha terminado por consolidar un giro pragmático que pocos analistas
se atrevían a trazar con tanta nitidez hace apenas un par de años. La dinámica
de confrontación ideológica ha cedido el paso a un tablero de realpolitik pura
y dura, donde los incentivos energéticos, el control migratorio y la
estabilidad geopolítica regional pesan infinitamente más en los despachos de
poder que los principios democráticos abstractos.
En el centro de este reordenamiento se teje un mapa de alianzas e
interlocuciones cruzadas entre cuatro figuras fundamentales: la administración
de Donald Trump desde Washington, la gestión fáctica de Delcy Rodríguez en
Caracas, y el liderazgo en el exilio encarnado por la dupla de María Corina
Machado y Edmundo González Urrutia.
El Tablero de las Cúpulas: Roles y Conveniencias.
La Casa Blanca, bajo el segundo mandato de Donald Trump, ha dejado
formalmente en el olvido la doctrina de presión máxima. Washington ha asumido
una diplomacia puramente transaccional: el reconocimiento operacional a la
administración que encabeza Delcy Rodríguez como presidenta encargada responde
a la necesidad imperiosa de garantizar estabilidad en el flujo petrolero del
Caribe y contención en los flujos migratorios. Para Washington, Rodríguez
representa la interlocutora capaz de ofrecer gobernabilidad operativa e
inmunidades negociadas para el aparato de poder, evitando así un vacío
institucional que altere los mercados internacionales.
En la otra acera, el binomio circunstancial compuesto por María Corina
Machado y Edmundo González Urrutia encarna la máxima paradoja del momento.
Machado, con una incuestionable legitimidad democrática internacionalizada,
reforzada tras la concesión del Premio Nobel de la Paz en 2025 y González, como
la expresión formal del triunfo de las urnas en julio de 2024, se encuentran en
una suerte de "freno diplomático". La Casa Blanca ha considerado
"contraproducente" un eventual retorno de Machado a suelo venezolano
que desequilibre la frágil mesa de negociaciones energéticas. Así, la
legitimidad democrática ha sido temporalmente archivada en beneficio de la
viabilidad administrativa.
El Conflicto Crucial:
El Marginamiento absoluto de la Sociedad Civil.
El acercamiento entre la Asamblea Nacional de 2015, presidida por Dinorah
Figuera, y el Parlamento dirigido por Jorge Rodríguez 2023 confirma que la
transición se está negociando exclusivamente entre élites políticas. Este
acuerdo para instalar una mesa técnica, sin la participación de la sociedad
civil, deja en evidencia cómo los derechos y la contraloría ciudadana quedan
relegados a un segundo o tercer plano, priorizando el consenso cupular para la
gobernabilidad decidido obviamente, según estrategias preconcebidas y ya
diseñadas por la administración Trump.
Asimismo, todo este ejercicio se desarrolla en un contexto donde la
Constitución de la República parece haber sido totalmente apartada y congelada.
Es imperativo señalar que, a todas luces, este esquema es completamente ilegal,
ya que ningún artículo de la Constitución respalda el esquema administrativo y
de poder que se está llevando a cabo durante esta transición.
Ninguna de las acciones, pronunciamientos o lineamientos que se desarrollan
en el país enmarca dentro del contexto constitucional, invalidando el ejercicio
de quienes hoy dicen representar o actúan por mandato. El desconocimiento de la
voluntad popular expresada en las urnas y la anulación práctica de la Carta
Magna han dejado un vacío institucionalizado donde las leyes fundamentales
carecen de valor.
Ante esta arquitectura geopolítica, y con este tipo de prácticas, surge la
interrogante medular que interpela éticamente el futuro del país:
¿Es sostenible ni éticamente aceptable un esquema donde actores políticos
internos y externos, de las más diversas tendencias y con cuotas
desproporcionadas de poder, asuman la conducción unilateral del país mientras
la sociedad civil venezolana queda sistemáticamente excluida de los espacios de
decisión, contraloría y observancia?
La interrogante medular que debe formularse en este punto crítico no es
solo quién detiene las llaves de Miraflores o quién firma las licencias
petroleras en el Departamento del Tesoro. La verdadera pregunta que define el
futuro nacional es el peligroso aislamiento al que se está sometiendo a la
ciudadanía. Se está estructurando una arquitectura de transición negociada por
arriba, donde factores del régimen, factores de la geopolítica internacional e
incluso actores de oposición toman decisiones vinculantes sin mecanismos reales
de representación ni contraloría social
No es factible ni legítimo a mediano plazo pretender que la búsqueda de
soluciones para las etapas venideras se haga al margen de la sociedad civil.
Mantener al ciudadano común reducido a la condición de mero espectador de los
acuerdos entre élites gubernamentales y el gobierno americano anula el
principio fundamental de la soberanía.
Sin la participación activa de los gremios, las universidades, los
sindicatos, las organizaciones de derechos humanos y la comunidad organizada en
la fiscalización de lo pactado, cualquier solución de estabilidad será
meramente cosmética y vulnerable al colapso.
Perspectivas para el Futuro Próximo.
De cara a lo que resta de 2026 y el horizonte de 2027, el escenario
proyecta una transición tutelada y pragmática. Para unos necesaria y para otros
no.
En esta primera fase, la prioridad absoluta de la geopolítica de Washington
y de la administración de Rodríguez será la reapertura económica, la
regularización de concesiones de recursos y el alivio de presiones inmediatas.
Sin embargo, esta estabilidad de facto será efímera si no se abre un canal
institucional donde la legitimidad representada por Machado y González y, sobre
todo, la capacidad de contraloría de la sociedad civil, tengan particpacion e
incidencia real.
Ningún plan de reconstrucción nacional puede tener éxito si la observancia
de la gestión pública y la exigencia de derechos democráticos quedan sofocadas
bajo el pretexto del pragmatismo económico.
El futuro de Venezuela no se puede dirimir únicamente en despachos
corporativos o mesas de negociación reservadas; requiere, de manera
inaplazable, la reincorporación de la ciudadanía al centro de la toma de decisiones.
Es inaudito que los representantes de la partidocracia en Venezuela sigan
liderizando y motorizando instancias donde se teje la red de la transición y se
construyen las bases de la transformación. la mayoría de ellos son
corresponsables del desastre y debacle del país.
Me atrevo a decir que éramos presos de la dictadura ahora somos prisioneros
de guerra donde el ganador pone las reglas en nuestro maltratado país y para
completar se nos persigue en el exterior, específicamente en los Estados unidos
de norte América para encarcelarnos, vejarnos y deportarnos a la celda 51.
Se llevaron a Maduro y dicen que su ausencia es temporal, nos pusieron
Delsy Rodriguez en la presidencia y a la oposición que rechaza el 85% de la
población, para que nos gobiernen y manejen la transición. ¿Acaso no es una
bofetada y una ofensa escandalosa, dolorosa e inolvidable que recibimos los
venezolanos?
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