Mérida, Septiembre Martes 22, 2026, 11:22 pm
La crisis que atraviesa la Universidad de Los Andes no es solo financiera ni de infraestructura; es, ante todo, una crisis moral y de coherencia. Estas elecciones universitarias se han convertido en un laboratorio social, una verdadera prueba de sangre a nuestra comunidad. Un análisis donde los resultados, trágicamente, arrojan una alarmante cantidad de glóbulos rojos de clientelismo político, que amenazan con devorar los glóbulos blancos de la academia y las escasas plaquetas de genuinidad que aún intentan coagular la herida de nuestra institución.
Existe una contradicción increíble,
triste y profunda que nos persigue, y que termina dándole la razón a la lógica
destructiva del régimen nacional. Durante años hemos protestado, batallado y
exigido en las calles un cambio, denunciando cómo un sistema destruyó el país
por aferrarse al control. Hemos señalado, con justa indignación, cómo los
seguidores del chavismo justificaron la ruina de Venezuela a cambio de
prebendas temporales, de favores y de un populismo vacío, sin importarles
hipotecar la vida de sus propios hijos y nietos. Sin embargo, cuando el
espejo se voltea y nos convertimos en el universo electoral de nuestra propia
casa de estudios, la hipocresía sale a la luz.
La Contradicción del Elector
Universitario:
El discurso frente a la acción. Condenamos el secuestro del país,
pero a la hora de elegir el destino de la ULA, muchos actúan movidos
exclusivamente por el deseo de poder, por la preservación de pequeños feudos
grupales o por la promesa de un favor burocrático.
La validación del modelo que
combatimos. Al
votar bajo la lógica de la lealtad al "feudo” sindicalista, partidista, o del amiguismo
tradicional, el universitario replica exactamente la misma conducta del votante
que sostiene al régimen. Si la clase pensante y académica vota por intereses
personales, prebendas, y no por la viabilidad de la institución, pierde
automáticamente toda autoridad moral para criticar el desastre nacional.
El futuro hipotecado. Se emite el voto ignorando el bien
superior de la universidad, olvidando que al mantener la inercia, se está
cerrando la puerta del futuro a los hijos de nuestros propios profesores,
trabajadores y ciudadanos.
No podemos declararnos víctimas de
un sistema político destructivo si, teniendo la oportunidad histórica de
verdaderamente cambiar el rumbo y salvar a la Universidad de Los Andes,
decidimos actuar con el mismo egoísmo electoral. La vista de "zombie",
magnetizada por la costumbre y por la oferta electoral convencional que solo
busca repartirse la administración de la escasez, es la mayor traición a la
esencia de la academia.
Para rescatar a la ULA del abismo
salarial, económico, funcional, y de la irrelevancia ante el avance implacable
del mundo y la Inteligencia Artificial, debemos elevar nuestro termómetro y
medir los grados de verdad de nuestra integridad universitaria. El voto
no puede seguir siendo un instrumento para saciar la sed de poder de la misma
cultura de siempre; debe ser una herramienta de disrupción para fundar una
universidad creadora, auto-sostenible y digna, la Üniversidad de la
Complejidad.
Es el momento de que las plaquetas
de genuinidad académica y los glóbulos blancos del rigor académico defiendan el
cuerpo de nuestra Alma Mater para que el oxígeno que porten los glóbulos rojos
a todo rincón de la universidad retorne a ser de ética pura. La verdadera rebelión contra el deterioro
comienza en nuestras propias urnas con un grado de coraje emanado del amor y
futuro de sus hijos, nietos, y juventud en general, votando con la razón y por
la institución. Todo lo demás es, lamentablemente, legitimar la
tragedia.
@puntossobrelau