Mérida, Abril Jueves 23, 2026, 06:07 am
ROSARIO PÉREZ
Diario ABC de Madrid
Fotos: Arjona
Si los buenos toros descubren a los malos toreros, ¡qué gran torero es David de Miranda! Formidable con el tercer toro del Parralejo, premiado con una vuelta al ruedo en el arrastre. Sin las dos orejas se marchó y hasta le pidieron el rabo (por un lado, se desmadró aquello; por otro, algunos no se enteraron de los dos pañuelos). Había escuchado el de Trigueros palmas por bulerías antes de la salida de este número 27, de 562 kilos. Se llamaba «Secretario», un toro de vacas en otro escenario, y frente a él no se encontró a ningún funcionario, sino a un torero de ley. A lomos de «Secretario» se disparó una Puerta del Príncipe coronada con la oreja que arrancó al sexto. Si fue el único que la descerrajó en los abriles de 2025, de momento es el único matador que se ha mirado este año en el espejo del Guadalquivir: ¡qué bonito el cielo de Triana! Su romance sevillano sigue: bárbara la conexión con los tendidos, que colgaron el séptimo cartel de 'No hay billetes' a su reclamo.
De Miranda había soñado el triunfo mayor en la Maestranza y lo cuajó con una base de solidísimo valor en la brava y musculada corrida de la familia Moya, con dos lotes de gloria: el de David y el de Urdiales, en el umbral de la oreja con el estupendo cuarto. Para Emilio de Justo fue el más deslucido. La tarde se había escrito para el de Huelva. Querían verlo y lo vieron.
Un aire de solemnidad invadió el ruedo cuando lo pisó. Allí se erigía un hombre de verdad desnuda, radical, de esas que solo poseen quienes ya no guardan nada dentro de sí. Nada se reservó, ni siquiera el miedo. Y todo lo entregó, como quien vacía sus bolsillos antes de emprender un viaje sin regreso. Sonaron palmas por Huelva antes de que saliera el tercero, que empujó al caballo contra el burladero en un momento de apuro para el picador. Tremendo el susto cuando Fernando Pereira fue arrollado y lo dejó con el culo al aire, con perdón. Ahí siguió su subalterno de confianza, con un varetazo y el vestido remendado, para cumplir su papel con los palos y en la lidia. El del Parralejo galopaba con alegre embestida, con una fijeza inmensa, y David de Miranda -el que más gente había arrastrado- brindó a sus partidarios, que fueron creciendo. Hasta los de Arnedo y los de Torrejoncillo se hicieron del nacido en Trigueros.
Abrió inteligente los caminos de «Secretario» con muletazos rodilla en tierra en los que se palpó la mano poncista. Torero y sentido. Pisó David el sitio que quema, para redondear series sin perder un solo paso. Pero más creció a izquierdas: ¡agua! Para «Secretario» y los naturales. Los hubo a cámara lenta, completamente abandonado y vertical, asentado y con aires amanoletados dentro de su personalidad, que la tiene. Y mucha. Tremendo aquel cambio de mano que terminó siendo una circunferencia total: daba tiempo a recitar todo el abono de la temporada maestrante. Y volver a empezar: de arriba abajo, de abajo arriba. Rugía Sevilla, aquello era un auténtico clamor. Con el cartucho y su zocata remató la obra, desarrollada completamente en los medios. Y ahí mató al bravísimo toro, con toda su verdad a cuestas, con lo que esa boca de riego pesa. Qué estampa tan torerísima. «Secretario» nos recordó que la muerte también puede ser bella y recibió los honores del pañuelo azul, ya sin las dos orejas que se había ganado legítimamente David de Miranda.
Era un hombre de verdad desnuda, de esas que solo poseen
quienes ya no guardan nada dentro. Todo lo entregó, como quien vacía sus
bolsillos antes de emprender un viaje sin regreso
Tenía abierto más de medio arco principesco y citó al sexto con el pecho abierto y el corazón latiendo literalmente en sus manos. Desde los lances de saludo y en un tomista principio por estatuarios se fundió con el burraco, tanto que recibió un seco pitonazo. Sirvió este «Corralero» -o mejor dicho, le sirvió al onubense- para arrancar otro trofeo, aunque ni el toro (más medio y vulgar) ni la faena adquirieron la gran dimensión anterior, más ansioso por alcanzar la vereda que sale al paseo Colón. Eso sí, no se podía estar más firme: ¡cómo fueron las manoletinas! Ni un suspiro cabía. Y cuando un tío se aplasta así, con tan sincera entrega, sin trampa ni cartón, el pueblo se conmueve, el público se emociona. Comunión absoluta con la Maestranza, con sombra y sol, un volcán en el que se agitaban los pañuelos solicitando el doble trofeo: bien por doña Macarena dejándolo en uno. La Puerta del Príncipe ya era merecidamente suya.
Lote para acompañarlo tuvo Diego Urdiales, con dos animales muy distintos, ambos con importancia. Menudo carácter tenía «Chismoso», un toro durito y exigente que demandaba exponer mucho y un sometimiento extremo. Sufrió el maestro con el del Parralejo, con mucha tralla por el derecho y bravo de verdad por el izquierdo, por donde hubo tres o cuatro naturales muy buenos. Era un toro de apostar, que se arrastró con ovaciones por su casta tras el quinario del matador con el descabello. Más idóneo para su concepto era el cuarto, con nobleza y clase. «Azabache» se llamaba; melocotón era. Faena con poso y sabor, con pasajes para paladear, aunque sin redondear. Con rectitud de maestro se tiró a matar. Sonó un aviso y la presidenta no atendió la petición, que no terminó de cuajarse completamente. Saludó, aunque pudo dar la vuelta al ruedo.
Una ovación escuchó Emilio de Justo, muy centrado con el peor lote. En el recuerdo, una media y unas preciosas chicuelinas de arena barrida al buen pero afligido segundo, en el que tuvo la virtud de plantear una medida faena. No se entregó «Anhelomío», el más deslucido del bravo sexteto del Parralejo, con mucho que torear dentro de los matices de cada cual.
Triunfó David de Miranda, que sacó la escoba. Que se aten las figuras los machos, que viene dispuesto a barrer y, además, quieren verlo.
FICHA
DEL FESTEJO
Real
Maestranza de Sevilla. Miércoles, 22 de abril de 2026. Duodécima de abono.
Cartel de No hay billetes.
Toros
del Parralejo, bien presentados, con cuajo y de bravo juego, con mucho que
torear en conjunto; el 3º fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.
Diego
Urdiales, de nazareno y oro: estocada perpendicular y diez descabellos (pitos
tras aviso); estocada (aviso, petición de oreja y saludos).
Emilio
de Justo, de tabaco y oro: estocada trasera (saludos); estocada traserita
desprendida (silencio).
David de
Miranda, de pizarra y oro: estocada (dos orejas con petición de rabo); estocada
(oreja con petición de otra).