Mérida, Septiembre Jueves 10, 2026, 06:42 am
Tiempo atrás se
formó una polémica por la publicación del artículo “Welcome to 2030: I Own
Nothing, Have No Privacy, and Life Has Never Been Better” (“Bienvenido a
2030: no poseo nada, no tengo privacidad y la vida nunca ha sido mejor”),
escrito en 2016 por la política danesa Ida Auken y difundido en la página del
Foro Económico Mundial (FEM). Este artículo se citó y resumió en “no tendrás
nada, pero serás feliz”, la formulación original en inglés era “You’ll own
nothing and you’ll be happy” (“No poseerás nada y serás feliz”). Se afirma en
muchos sitios tildados de “conspiranóicos” que está fecha, 2030, era la que la
élite mundial tenía programada para la implantación de su agenda, y encierra
gran parte de lo que mundialmente se quiere imponer: atomizar al ser humano,
removiendo todo lo que le dé sentido de pertenencia e identidad. La polémica
fue tal que terminaron retirando el artículo.
Se ha estado
mencionando en varias redes que la pandemia fue un experimento social para
acelerar cambios y\o medir la reacción de la sociedad ante la implantación de
los siguientes objetivos: imponer la desaparición del dinero físico;
acortamiento de los lapsos de obsolescencia programada y dificultar la
reparación; aumento de la dependencia de la IA; denuncia de la desaparición de
libros de papel, especialmente los más antiguos; querer abolir el uso del
transporte privado; implantación de “ciudades de 15 minutos”.
Vemos también que
varias compañías están pasando del servicio de pertenencia al de renta, porque
se han dado cuenta de que les es más rentable. Un ejemplo de ello: Sony
considera beneficioso para ellos la desaparición de los formatos físicos. Con
su PlayStation está encarnando mejor este ejemplo en la actualidad, aunque el
servicio de transmisión (streaming) está haciendo lo mismo con las películas.
Una sociedad sin
libros físicos pierde su memoria, y queda sujeta a que la capacidad de
pensamiento, análisis, libertad de opinión y reacción sea lo que digan las
corporaciones y los gobiernos. Ya se han visto y siguen viendo intentos de
corrección y cambios por versiones más políticamente correctas de las grandes
obras de la literatura, por mencionar un grave ejemplo.
Una sociedad con
dinero digital se ve expuesta a que quien dice algo contrario a quien manda se
vea suspendido por cualquier cosa al acceso de su dinero.
Una sociedad sin
propiedad es una sociedad sin identidad, sin sentido de pertenencia, “lo que es
de todos es de nadie” (Aristóteles, hablando de política). La propiedad y
capacidad de heredar es una de las bases de la economía fuerte, por ello suele
ser uno de los pilares que el comunismo dinamita apenas llega. Vivir en una
renta permanente perpetúa la pobreza, la dependencia. Acentúa también el poder
de quienes quieren que no haya nada propio para tratarnos como ganado y, cuando
no podamos producir, bueno, está la eutanasia, la muerte “digna”.
Afortunadamente el
retorno a gobiernos de derecha ha ralentizado todo esto, pero no indica que
esté del todo erradicado. Bajo la gestión permisiva de Biden vimos la ferocidad
con la que la censura de la izquierda es capaz de imponerse. Como Iglesia hemos
de recordar que la base de Europa está en el conocimiento que los monjes de la
Edad Media preservaron aunque se haga propaganda que venda lo contrario.
Otro tema: sabemos,
ya está más que demostrado, que cuando algo deja de ser noticioso,
especialmente si es desagradable, tiende a ser olvidado. Por favor, no
olvidemos que las secuelas del terremoto siguen en Venezuela, y que aún se
necesita ayuda. Dios se las retribuya en gracias y bendiciones.