Mérida, Junio Lunes 08, 2026, 02:11 pm
En nuestro país manda el gobierno norteamericano y obedece el
interinato y, de allí para abajo, en lo que se llama en el argot militar
“cadena de mando”, lo que hay es una vergonzosa sumisión, un espectáculo
grotesco de funcionarios insoportablemente altaneros, ahora de rodillas,
tratando de ocultar la traición a su Comandante en Jefe Nicolás Maduro Moros,
no con la comprensible actitud de Judas Iscariote, arrepentido de haber vendido
a Jesús por un puñado de monedas, sino satisfechos y disfrutando de la fortuna
de sus bolsas de dólares, como su no fuese suficiente el saqueo de todos los
funcionarios con alguna cuota de poder desde arriba hasta el último alcalde
oficialista designado a dedo mediante el un simulacro de elecciones.
El ausente es el pueblo, desde los científicos de nuestras
universidades públicas hasta quienes no pueden hacer otra cosa que vender
cambures en una acera para que sus familias no se mueran de hambre. En extrema
pobreza pero depositarios de la dignidad nacional, la esperanza de la nación
que confían en el liderazgo de una mujer valiente, que los conoce hasta a los
que viven en el último rincón de Venezuela, los ama, los comprende y sabe de su
nobleza y lealtad. Que en medio de la miseria guardan como un tesoro la
dignidad de los venezolanos.
El pueblo no quiere cargos públicos ni regalos, lo que quiere
es vivir con tranquilidad, ganarse el pan con el sudor de su frente,
desarrollar en paz sus conocimientos y habilidades y que sus gobernantes seas
honestos, como unos más del pueblo y que garanticen la libertad, que puedan decir su voz y las decisiones se
tomen desde la pequeña aldea, no desde las cúpulas del poder.
Esa es la esperanza del pueblo venezolano y así será muy
pronto, con la Bendición de Dios y la compañía de San José Gregorio Hernández,
que es como nosotros.