Mérida, Junio Domingo 14, 2026, 06:26 pm
La última visita del sucesor de Pedro a España fue en el 2011, la Península ibérica se llena de gozo al recibir, por vez primera, a León XIV, en un viaje apostólico de “cuatro Españas”, Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife; una rica agenda marcada por muchos rostros y símbolos de la riqueza plural, religiosa y laica de nuestra España. Desde el 6 y hasta el 12 de junio, el papa de corazón peruano, ha destacado su enorme capacidad de convocatoria, cercanía, presencia paternal y palabra oportuna, no solamente para los creyentes, sino para los “alejados”, los políticos, aconfesionales, es decir, la presencia de la Iglesia en medio de la sociedad española de hoy. En tiempos marcados por la dispersión, la aceleración y el predominio del ruido sobre la reflexión. Resulta un milagro observar a cientos de miles de personas reunidas, en torno a una propuesta de silencio, oración y esperanza.
En
su primer encuentro de bienvenida con
las autoridades, reunidas en el Palacio Real, León XIV centró su atención en
los desafíos colectivos de España y
Europa. Con estas palabras: “vivimos
hoy la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones que parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad
humana no deja de ser violentada. Por eso, necesitamos cultura, interioridad, una educación
libre y de calidad, necesitamos trascendencia”. De su paso por la capital madrileña se puede
destacar, su visita en el hogar de cuidado a los más vulnerables, su llamado a
estar atentos y reconocer en cada persona una dignidad inviolable,
ante el riesgo de la indiferencia. En el memorable encuentro con los jóvenes,
les propuso estar presentes de una manera
plenamente humana en el mundo. Les mostró la grandeza del silencio frente al
ruido permanente de las redes sociales, la
coherencia frente al relativismo moral y de vocación frente al miedo al
compromiso. Como joven ser “chispa” de
una humanidad nueva, confiar la misión de ser humano, sin apariencia y mostar
rostros fiables.
En
la misa de Corpus su homilía fue un llamado de atención, donde reivindicó la
tradición religiosa española, no como una
reliquia del pasado ni como un elemento folclórico, sino como una fuente capaz
de inspirar responsabilidad, solidaridad y compromiso con el bien común, que su
religiosidad siga siendo una verdadera escuela de fe.
En Barcelona, el papa León XIV lanzó un
mensaje de unidad y pidió, ante los miles de fieles, vivir “todos
unidos en una sola familia”, la imagen que se convirtió en una
de las claves de su paso por Cataluña. En la Abadía de Monserrat, llamó a deponer: “hoy a sus pies las corazas que han endurecido poco
a poco el corazón. En
la vigilia del Estadio Olímpico, el papa resaltó la raíz del malestar de muchos jóvenes de hoy, ante una
cultura centrada en el rendimiento, la productividad y la imagen, mostrando la necesidad de recuperar espacios de
silencio, interioridad y búsqueda de sentido.
A
los privados de libertad les habló de su dignidad humana: “todo ser humano es digno por el mero hecho de haber
sido querido, creado y amado por Dios”. También, enfatizó que
“en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la
posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones”. En la misa celebrada en la Sagrada Familia, el pontífice utilizó el simbolismo del templo de Gaudí,
recordando que es una obra en construcción permanente y la presentó como una
imagen de la propia vida cristiana y de la sociedad. Una tarea que
exige compromiso, coherencia y la voluntad de colaborar juntos en un proyecto
común.
En su paso por
las Islas Canarias, puso su mirada en la realidad migrante que se vive
en el archipiélago español, haciéndose samaritano con tantas “vidas heridas”,
“despojadas de casi todo”, “pero nunca de su dignidad”. El papa reconoció la misión de tantos apóstoles de la misericordia, consagrados al servicio de los migrantes, aquellos que han
sabido “reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el
hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”. En el
encuentro con los sacerdotes, consagrados y religiosas, el papa les animó a favorecer la espiritualidad de comunión – “los animo a seguir
ofreciendo a todos, ese amor que hemos recibido del Señor, amor que se hace
alimento en la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los
más frágiles”.
Su última jornada la
cumplió en Tenerife, abriendo su agenda con la visita al centro de acogida
de Las Raíces, en La
Laguna. Allí hizo un fuerte llamado a la solidaridad y a la construcción de una
sociedad más acogedora. Por último, León XIV presidió una misa
multitudinaria en Santa Cruz. En su homilía ha defendido el sosiego y la acogida: “Qué importante es
no reducir todo a comercio y beneficio. ¡Abran a todos, este mar de amor!” Oremos para que España sigua siendo madre que
recibe y acompaña en la fe milenaria, que sigue dando todo como la España de Cristo.
Mérida, 14 de junio de 2026