Mérida, Julio Martes 28, 2026, 11:09 am
El comercio minorista en Asia está experimentando un
resurgimiento notable como resultado de, entre múltiples motivos, la irrupción
de la inteligencia artificial en los puntos de venta, una tecnología que ya no
se sólo circunscribe a aplicaciones de gestión de inventarios y la previsión de
demanda, sino que ahora se utiliza de manera directa frente al cliente. Es
decir, cada día es más común ver a los consumidores interactuando de manera directa
con sistemas automatizados tanto en tiendas físicas como en canales digitales. Así,
el comercio minorista es testigo de un panorama donde coincide la reaparición
del comercio presencial y la incorporación de algoritmos para responder a las
solicitudes de los consumidores.
Otro aspecto que llama la atención de la masiva adopción
de inteligencia artificial en el sector retail asiático es que resulta de un
esfuerzo conjunto de iniciativas tanto privadas como públicas. En Shanghái, las
tiendas de conveniencia denominadas SenseMartGo emplean robots humanoides para
saludar a los compradores, seleccionar productos y procesar el pago,
evidenciando el grado de penetración que ya alcanza la inteligencia artificial
en la interfaz con el cliente. A la par, el gobierno de Singapur incluyó en su
presupuesto de 2026 un esquema de cofinanciación y una deducción tributaria del
400% sobre gastos en inteligencia artificial destinado a pequeños y medianos
comercios, combinando capacitación y estímulos fiscales para acelerar la
adopción.
También en Shanghái, los supermercados Hema de Alibaba
permiten que los compradores interactúan con la inteligencia artificial
directamente a través de la aplicación móvil, escaneando códigos QR en
productos frescos para acceder a información sobre procedencia, recetas y
recomendaciones, mientras algunas ubicaciones emplean quioscos de
reconocimiento facial para pagos sin efectivo, integrando la interfaz
tecnológica en el acto mismo de compra. En Tokio, la cadena de conveniencia
Lawson despliega cámaras de inteligencia artificial y señalización digital para
analizar el comportamiento de los compradores, pero presenta la tecnología como
un mecanismo de alivio de carga laboral para el personal, en lugar de un
sustituto del contacto humano.
Este tipo de despliegue reflexivo en el front-end, donde
la inteligencia artificial potencia al trabajador en lugar de reemplazarlo, es
precisamente el espacio donde la brecha de confianza se reduce con mayor
celeridad. El punto no reside en resistir la inteligencia artificial, ya que los
minoristas que ignoren estas herramientas cederán terreno competitivo, sino en
determinar dónde automatizar y dónde preservar la textura inimitable de la
interacción humana.
Para Venezuela y América Latina, esta experiencia
asiática ofrece lecciones de particular relevancia en la configuración de
estrategias de desarrollo comercial. Por un lado, la incorporación de
tecnología en el comercio minorista no debe operar como un imperativo
homogéneo, sino que requiere calibración cultural. Así, los países
latinoamericanos, con tradiciones de comercio relacional, mercados callejeros y
servicio personalizado, deben resistir la tentación de replicar modelos
automatizados desarrollados en contextos socioculturales distintos, priorizando
en cambio la complementariedad entre digitalización y contacto humano. Por otro
lado, revela que la confianza del consumidor no se genera por la mera
disponibilidad tecnológica, sino por garantías de seguridad, transparencia en
las recomendaciones algorítmicas y respeto a las normas culturales del
intercambio comercial, elementos que deben ser incorporados en cualquier
estrategia de transformación digital del retail. De esta forma, en un contexto
de fragilidad económica y reconstrucción institucional, América Latina tiene la
oportunidad de diseñar un modelo de comercio minorista que integre la
tecnología como facilitador, no como sustituto, de la riqueza relacional y
cultural que caracteriza los mercados en la región.
@ajhurtadob