Mérida, Agosto Martes 25, 2026, 08:15 pm

Inicio

Opinión



Diario Frontera, Frontera Digital,  Opinión, ,Por Freddy Marcano,Dos meses después, la tragedia sigue hablando, por Freddy Marcano
Por Freddy Marcano

Dos meses después, la tragedia sigue hablando, por Freddy Marcano



Dos meses después, la tragedia sigue hablando, por Freddy Marcano

Este lunes se cumplen dos meses de la tragedia que golpeó con particular dureza al estado La Guaira y a sectores de Caracas. Desde el primer momento, estando fuera de la zona afectada, la distancia impuso una limitación evidente: no era posible vivir de cerca el dolor, la incertidumbre y la dimensión de lo ocurrido. Por eso, en lo personal, la decisión fue acompañar desde donde era posible: difundiendo información, ayudando a canalizar requerimientos y colaborando en la recolección de insumos para quienes lo habían perdido todo.

Ads by 

Pero también quedó pendiente algo que el tiempo permitiría hacer con mayor responsabilidad: bajar al sitio para observar directamente lo ocurrido y conversar con quienes han tenido que vivir estos dos meses en medio del desastre. Y debo decirlo con absoluta honestidad: una cosa es conocer una tragedia por fotografías, videos o testimonios, y otra muy distinta es caminar por el lugar, mirar las huellas de destrucción y escuchar de propia voz a quienes todavía intentan reconstruir sus vidas. La impresión que produce es difícil de explicar con palabras.+

Lo ocurrido desbordó cualquier capacidad ordinaria de respuesta inmediata. La magnitud del desastre, sumada al número de afectados, la pérdida de viviendas, las edificaciones comprometidas y, sobre todo, la existencia de familias esperando todavía respuestas, colocó al Estado frente a una emergencia que requería mucho más que voluntad política: requería planificación, equipos especializados, coordinación y capacidad institucional. Pero al conversar con la gente, al escuchar lo que vivieron y lo que siguen viviendo, la situación adquiere otra dimensión. Ya no son números ni estadísticas: son familias que recuerdan el momento en que lo perdieron todo, personas que todavía esperan recuperar a un ser querido y ciudadanos que intentan entender cómo comenzar nuevamente. Hay dolores que solamente se comprenden cuando se miran a los ojos de quien los está viviendo.

Caminar hoy por las zonas afectadas permite comprender que recuperar las vías principales, retirar escombros o mejorar aquello que está a la vista no equivale a reconstruir. En el lenguaje cotidiano podría decirse que limpiar la casa no significa haberla reconstruido. Hay comunidades que todavía esperan soluciones, edificaciones que requieren intervención y familias que permanecen en condiciones precarias; algunas viviendo en carpas, utilizando baños portátiles y tratando de reorganizar una vida que se derrumbó en pocas horas. En muchos casos, han sido los propios vecinos, familiares, organizaciones y grupos independientes quienes han asumido tareas que deberían formar parte de una respuesta institucional mucho más articulada. Y resulta particularmente doloroso comprobarlo estando allí, después de haber seguido durante semanas las noticias desde lejos. Porque cuando se observa de primera mano lo que permanece intacto, lo que falta por hacer y la incertidumbre de quienes siguen esperando, las cifras oficiales adquieren necesariamente otra lectura.

También es cierto que La Guaira necesita recuperar su economía. El turismo, el puerto y el aeropuerto son parte esencial de su dinámica productiva y de la vida de miles de familias. Reactivar esa economía es indispensable, pero no puede hacerse sacrificando la atención social ni sustituyendo la planificación por la urgencia de mostrar resultados. Cuando una tragedia supera las capacidades nacionales, pedir cooperación internacional no representa una debilidad; representa sensatez. Venezuela necesita toda la ayuda técnica, humanitaria y financiera que pueda obtener. Pero esa ayuda debe estar acompañada de transparencia, coordinación y mecanismos que permitan saber dónde están los recursos, qué se está haciendo, qué falta y cuándo llegará la solución para quienes todavía esperan. Después de escuchar a la gente, queda claro que lo que necesitan no son discursos sobre recuperación, sino respuestas concretas que les permitan volver a sentirse dueños de sus propias vidas.

Dos meses después, Venezuela tiene que seguir adelante, pero no puede hacerlo fingiendo que todo está resuelto. La reconstrucción no puede ser una operación de maquillaje sobre las heridas de una tragedia que todavía permanece abierta. Cada  familia que perdió su casa, cada persona que perdió a un ser querido y cada comunidad que continúa esperando una respuesta nos recuerda que detrás de las estadísticas hay seres humanos. Bajar a La Guaria, caminar por sus calles desechas, mirar y conversar con quienes aún están allí llenos de dolor y de esperanzas deja una enseñanza que ningún informe puede transmitir completamente: la tragedia no terminó cuando sustitulares desaparecieron. Sigue presente en las calles, en las casas destruidas, en las carpas y, sobre todo, en la vida de quienes todavía esperan. La verdadera reconstrucción comenzará cuando la prioridad deje de ser demostrar que se está haciendo algo y pase a ser demostrar, con hechos verificables, que se está haciendo  lo que realmente se necesita. Porque después de una tragedia, el tiempo no se mide solamente en días: se mide en la angustia de quienes siguen esperando una respuesta.

IG, X: @freddyamarcano