Mérida, Octubre Miércoles 28, 2026, 04:31 am
La globalización vista como la búsqueda de las ganancias
económicas derivadas de la integración de las actividades productivas mediante
cadenas de valor, implicó ceder parte del control gubernamental sobre la
política económica y aceptar una distribución geográfica de la producción con
base en la eficiencia. Desde esta perspectiva, la alineación geopolítica habría
reemplazado a la lógica de mercado como determinante de la estructura de las
relaciones económicas. Sin embargo, una nueva corriente analítica, representada
por investigadores como Shahar Hamieri, Lee Jones, Seth Schindler y Jessica
DiCarlo, cuestiona la capacidad de este argumento para explicar la realidad
política mundial reciente. Estos autores plantean que tomar solo el discurso
gubernamental para explicar las actuales alineaciones geopolíticas es
insuficiente, ya que estas siguen respondiendo a los lazos económicos surgidos
de la integración de mercados, situación que ha originado el fenómeno denominado
polialineación (polyalignment en inglés).
La polialineación describe la manera como los Estados
mantienen estrechos vínculos económicos y estratégicos con diversas grandes
potencias de forma simultánea, a pesar de que estas últimas se consideran rivales
entre si (en la actualidad los Estados Unidos y China), y sin obligación alguna
de elegir un bando. Este concepto alude al suscripción y mantenimiento de
compromisos con múltiples socios externos y redes por parte de diversos actores
estatales y sociales, trascendiendo las relaciones exclusivas con aliados
estratégicos. A primera vista, esta noción podría confundirse con el hedging o la
cobertura diplomática tradicional. No obstante, a diferencia de esta última, la polialineación no constituye solo una postura
diplomática o un objetivo de política exterior, sino una realidad estructural
emergente de la transformación de los Estados y las economías bajo la nueva era
de la globalización.
En un contexto global caracterizado por la incertidumbre
económico y la división geopolítica, la polialineación representa para
numerosos países una necesidad derivada del desarrollo económico más que una
elección estratégica deliberada. Esta condición estructural explica por qué
Estados Unidos enfrenta una lucha mayor para ampliar coaliciones de países
dispuestos a participar en una estrategia de contención de China, incluso entre
aliados occidentales nominalmente cercanos.
Además de los lazos económicos que impulsan la
polialineación, su popularidad también resulta de su papel como estabilizador a
relaciones bilaterales difíciles en las que los temas de seguridad tradicional
funcionan con dificultad. Desde esta óptica, el polyalignment aparece no como
una restricción a las estrategias nacionales de seguridad, sino como un
fundamento útil para ellas converjan hacia un objetivo común. Esta interacción
entre desarrollo económico y seguridad sugiere que la prosperidad económica
compartida y las cadenas de suministro entrelazadas generan incentivos para la
contención de conflictos que antes solo se gestionaban mediante alianzas
militares.
Así, la polialineación desafía tanto la lógica de bloques
geopolíticos tradicionales como la retórica de la desglobalización, dando
espacio a un orden internacional donde los intereses económicos estructurales
siguen configurando los límites dentro de los cuales operan las opciones
estratégicas de los Estados.
Para América Latina, la polialineación permite evidenciar
que la autonomía estratégica no se construye mediante alineaciones exclusivas
con una única potencia, sino mediante la diversificación de vínculos
comerciales y de inversión que preserven margen de maniobra frente a tensiones
entre grandes potencias. También revela que el desarrollo económico constituye
una dimensión inseparable de la seguridad nacional, de modo que la política
exterior debe articularse explícitamente con objetivos de industrialización,
transferencia tecnológica y encadenamiento productivo, en lugar de reducirse a
posturas diplomáticas abstractas.
@ajhurtadob