Mérida, Octubre Miércoles 28, 2026, 04:32 am
La democracia en Venezuela no es
un concepto abstracto que se debate únicamente en las altas esferas de la
política nacional; se vive, se ejerce, se defiende o se conculca en las
instituciones del tejido social. Entre ellas, los gremios profesionales han
sido históricamente la reserva moral, técnica y jurídica de la República. Sin
embargo, la realidad actual de nuestras corporaciones supera el mismo quiebre
institucional que hoy debemos superar en el país, poniendo a prueba la
auténtica vocación democrática de la comunidad profesional.
Un ejemplo alarmante de este
retroceso institucional se evidencia hoy en el Colegio de Abogados, donde se
pretende consumar un proceso electoral forzado bajo condiciones que violentan
los principios constitucionales más elementales. Hablamos de una contienda
viciada en su origen: una data electoral desactualizada tras una mora de cuatro
años y la inadmisible exclusión de aproximadamente 4.000 abogados que, estando
legítimamente colegiados, no figuran en el registro de afiliados. Esta omisión
cercena de forma directa su derecho constitucional a elegir y ser elegidos, despojando
al proceso de toda validez legal.
Lo más grave no es solo la falla
de origen, sino la pretensión de la Comisión Electoral de "subsanar"
este vicio mediante un procedimiento improvisado de impugnaciones individuales.
Dejar la restitución del derecho al voto a la discrecionalidad de quien reclame
anula por completo la seguridad jurídica del proceso. La norma es
incuestionable: la única instancia facultada legalmente para consolidar y
entregar la data electoral es la Junta Directiva del Colegio, la cual ha
incumplido contumazmente con este deber formal. Pretender suplir esta omisión
con parches procedimentales no solo es un despropósito técnico, sino un
precedente peligroso que desnaturaliza el sufragio universal y transparente.
Frente a esta coyuntura, nuestro
gremio y todas las corporaciones del país están llamados a elevar la mirada por
encima de intereses subalternos. Venezuela atraviesa una hora decisiva en la
que la reconstrucción de la nación exige el esfuerzo mancomunado de sus mejores
talentos. No podemos aspirar a un renacer democrático para el país si
reproducimos en nuestros gremios los mismos vicios, la misma polarización
estéril y el mismo lenguaje de confrontación y odio que han hecho daño a la
familia venezolana.
Es hora de entender que los
colegios profesionales no deben ser trincheras partidistas ni feudos de
parcialidad alguna. Necesitamos liderazgos amplios, con solvencia ética y
técnica, donde la condición política de un agremiado no sea jamás un criterio
de exclusión o descalificación. Llego el momento del reencuentro, de mirarnos a
los ojos como colegas y como ciudadanos, y de dar el ejemplo desde la reserva
intelectual de un país que nos necesita unidos.
Sumar voluntades por un renacer
gremial amplio, plural y auténticamente democrático es una tarea impostergable.
La disyuntiva histórica es categórica: o asumimos la responsabilidad histórica
de re institucionalizar nuestros gremios como pilares del desarrollo del país,
o nos dejamos arrastrar hacia el barranco de la anarquía, la improvisación y la
inutilidad.