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Por Freddy Marcano

Dos caras de la misma moneda por Freddy Marcano



Dos caras de la misma moneda por Freddy Marcano

Venezuela atraviesa un momento político en el que dos discursos intentan interpretar el futuro del país desde posiciones distintas. Las ruedas de prensa de María Corina Machado y Delcy Rodríguez dejaron ver coincidencias en asuntos como la recuperación institucional, las elecciones, la economía y la necesidad de superar la confrontación; sin embargo, sus diferencias son más profundas cuando se examinan el origen de la legitimidad, la responsabilidad política y la conducción del proceso. No se trata únicamente de dos maneras de comunicar una misma coyuntura, sino de dos visiones sobre cómo debe reorganizarse el poder y quién tiene la legitimidad para conducir ese cambio.

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Delcy Rodríguez presenta una narrativa de rectificación, estabilidad y renacimiento nacional. Su discurso incorpora conceptos que responden a demandas legítimas de la sociedad, como la recuperación económica, la convivencia y la reforma institucional. Sin embargo, existe una contradicción que no puede ignorarse: ella forma parte de la estructura política que produjo buena parte de las restricciones y del deterioro que ahora se propone corregir. Desde la perspectiva de Max Weber, la legitimidad del poder no se sostiene exclusivamente en su capacidad de administrar o producir resultados, sino también en el reconocimiento de su autoridad. Por eso, un cambio de lenguaje no equivale a una transformación política; debe expresarse en decisiones, responsabilidades, garantías y transparencia.

María Corina Machado, por su parte, plantea una salida cuyo fundamento se encuentra en la restitución de la voluntad popular y en la reconstrucción de la institucionalidad democrática. Su planteamiento se aproxima más a la aspiración mayoritaria que ha venido reclamando un cambio político, circunstancia que no puede desconocerse ni sustituirse mediante acuerdos entre quienes ejercen el poder. Desde Ernesto Laclau, la construcción de una mayoría política supone articular demandas sociales diversas alrededor de un horizonte común. En ese sentido, el desafío de la oposición democrática no consiste solamente en reivindicar una victoria o un liderazgo, sino en convertir esa legitimidad en una propuesta plural, incluyente y capaz de convocar a toda la sociedad.

Ambos discursos coinciden en algunos objetivos, pero difieren en los tiempos, las condiciones y la conducción del proceso. La secuencia de reformas anunciada por Rodríguez, sin compromisos suficientemente definidos, podría convertirse en un mecanismo de prolongación de la actual estructura de poder. En esta circunstancia también debe examinarse el papel del tutor internacional, cuya influencia política y capacidad de negociación han adquirido un peso determinante. La cooperación con Estados Unidos puede contribuir a la estabilización y generar beneficios económicos para las partes, pero no debe transformarse en una relación de dependencia ni en una justificación para postergar la democratización. Quien ejerce esa función de tutor o garante también tiene la responsabilidad de favorecer una ruta con plazos, transparencia y garantías que acelere la recuperación democrática. La estabilidad no puede convertirse en una transición indefinida.

La sociedad venezolana necesita resultados, pero también certezas sobre el destino de sus derechos y de sus instituciones. La transparencia en los acuerdos económicos, en el manejo de los recursos públicos y en las decisiones políticas es indispensable para recuperar la confianza. La referencia a la expresión electoral del 24 de julio debe entenderse como una variable dentro de la compleja realidad actual, no como un elemento aislado ni como sustituto de una solución institucional. Lo fundamental es que cualquier entendimiento que se alcance, permita avanzar hacia el reconocimiento de la voluntad popular, el pluralismo, la independencia de los poderes públicos y el establecimiento de condiciones para una competencia democrática real.

El país requiere una ruta que articule estabilización, reconstrucción institucional y restitución de la soberanía popular. La oposición democrática tiene la responsabilidad de transformar la legitimidad que representa en una propuesta nacional; quienes hoy administran el poder deben demostrar que están dispuestos a ceder espacios y asumir responsabilidades. Asimismo, el tutor internacional debe contribuir a que los acuerdos no se conviertan en un instrumento de permanencia, sino en un mecanismo para acelerar el cambio democrático. No basta con anunciar reformas ni con alcanzar entendimientos económicos: hacen falta transparencia, compromisos verificables y voluntad política. La reconstrucción de Venezuela exige que la estabilidad sea el punto de apoyo para recuperar la democracia, no el argumento para aplazarla. La estabilidad debe ser el resultado de la democracia, no el precio que los venezolanos tengan que pagar para posponerla indefinidamente.

IG, X: @freddyamarcano