Mérida, Julio Viernes 03, 2026, 01:52 pm
El bálsamo de las palabras ante
la ausencia
La tierra se movió con violencia aquel 24 de junio,
dejándonos un dolor espeso que todavía nos estruja el pecho. Hoy, cuando el eco
de los derrumbes empieza a ceder ante la dura realidad de los días siguientes,
nos toca enfrentar las secuelas más invisibles y profundas: las que habitan en
el ánimo y en los corazones heridos de quienes sobrevivieron.
Pienso, con el alma partida, en los niños. .En aquellos que hoy se descubren huérfanos,
enfrentando un mundo que se transformó en un parpadeo y que ahora deben
aprender a vivir sin nada de lo que tenían. Mamá ya no está, tampoco papá,
¿y entonces? .Es lógico
y doloroso ver cómo el trauma y sus manifestaciones psicológicas empiezan a
florecer en sus miradas y en sus silencios. En estos momentos, daría lo que
fuera por estar allí, sentada junto a ellos, abriendo un libro para leerles,
para regalarles un refugio de fantasía, un instante de distracción y la certeza
de que no están solos.
Ante el misterio de la pérdida, la literatura
infantil nos ofrece un lenguaje sagrado para abrazar a la infancia herida.
Joyas como La señora con sombrero, de Ediciones Ekaré, nos enseñan con
una delicadeza infinita a nombrar la ausencia. A este cofre de consuelo debemos
sumar No es fácil, pequeña ardilla (de la línea de Kalandraka), un
relato de una ternura desbordante que camina junto al lector a través de las
fases del duelo, mostrándole a los más pequeños cómo los seres que amamos y que
ya no están físicamente, siguen vivos en nuestros recuerdos, en el viento y en
los detalles de la cotidianidad.
Para nosotros, los adultos que debemos sostenerlos,
la lucidez de la Dra. Elisabeth Kübler-Ross en La muerte: un amanecer se
hace indispensable. Ella nos recordaba algo hermoso que hoy calza perfectamente
como un bálsamo para nuestro pueblo: que la muerte es solo una transición, un
despojarse del capullo físico, pero que el amor compartido y los lazos
emocionales jamás se destruyen. Acudimos a estos libros no para evadir la
realidad, sino para encontrar las palabras que el impacto y el dolor nos han
robado.
La reconstrucción será larga y las secuelas
perdurarán en el tiempo, pero en medio de la sombra, la luz también se ha hecho
presente. No puedo terminar estas líneas sin expresar una gratitud profunda y
sincera a los rescatistas, a los voluntarios y a toda la ayuda internacional
que ha llegado a nuestras fronteras. Su entrega nos demuestra que la
solidaridad no conoce distancias. Nos toca ahora a nosotros, desde cada uno de
nuestros espacios, sostener a los que quedaron, cuidar con infinito celo el
alma de nuestros niños y recordar que, incluso en la noche más oscura, la
palabra y el amor compartido nos ayudan a volver a ponernos de pie.
Como un pequeño arrullo para esos niños que hoy
necesitan recordar que la ternura sigue existiendo, les dejo estos versos:
El guardián de los sueños
No temas a la noche, mi pequeño remolino, que el
cielo tiene un broche para alumbrar tu camino.
Si el viento sopló fuerte y la tierra se asustó,
aquí estoy para verte, el peligro ya pasó.
Los besos no se rompen, los abrazos no se van, y
aunque las sombras asombren, mañana habrá un nuevo pan.
Duerme, mi niño, duerme, en este nido de amor, que
nada va a moverme de tu lado, mi flor.
A.E.
Gracias a Librería Temas por
facilitarnos el material necesario para hacer estas reseñas.