Mérida, Julio Viernes 03, 2026, 01:51 pm
Primera vida salvada. España es equipo de octavos. La ronda
extra del Mundial 2026 superada. Luis de la Fuente apostó por aquella
revolución que dio la mejor versión de la Selección en la fase de grupos, y
vaya si ha resultado. A los cambios de Pedro Porro y Dani Olmo con respecto a
Uruguay se asentaban los de Álex Baena y Lamine Yamal. La amplitud, el vértigo
y el descaro que La Roja necesita. Enfrente, una Austria que sabía contra quién
jugaba, pero no por ello iba a renunciar a nada. Nombres propios como Sabitzer,
Alaba, Arnautovic, sumados a su presión alta, verticalidad e ideas claras, son
las señas del equipo centroeuropeo que gozó de varias oportunidades
precisamente gracias a sus armas.
España sabía que se jugaba las castañas y salió enchufada
desde el primer minuto. Tanto que la primera la tuvo Lamine pasado el minuto
uno de juego después de que el propio extremo recuperara en área propia y
finalizara en la rival. Primer disparo, primer centro, primera falta recibida,
llevarían la firma del 19. También la primera acción polémica del partido. A
Laimer le tocaba bailar con la más fea y en una de las muchas que Lamine cambió
el ritmo y pisó área, el jugador español fue al suelo. Ni el árbitro en el
césped ni el VAR desde Dallas vieron algo punible. Jueguen.
Fue entonces cuando Austria, en una muestra maravillosa de
su estilo, recuperó en mediocampo y en dos toques se plantó delante de Unai.
Suerte que el centro de Sabitzer se fue por milímetros sobre la cabeza de
Gregoritsch. Primer aviso. España tenía (y quería) bajar las pulsaciones. De
ello se valió y empezó a sumar pases y enlazar acercamientos, pero sin peligro.
Fin del primer cuarto y todos a beber agua.
España estaba bien y siguió la tendencia a la vuelta. Con de
nuevo Lamine haciendo de las suyas, y Dani Olmo inventándose un control
orientado con ‘cañito’ incluido dentro del área. Llegó ‘in extremis’ Posch.
Córner. Y la segunda polémica. Centro cerrado y barullo en el área. El caso es
que la pelota le cayó franca a Cucurella, que con un voleón la mandó a la red.
Gol anulado. Había ‘faltita’ previa de Cubarsí sobre el portero.
Tocaba seguir. Y si no era a la primera, lo fue a la
segunda. Porque Oyarzabal estaba merodeando el área y en el primer intento hizo
intervenir abajo a Schlager, pero en el segundo no perdonó. Recibió Pedri en
zonas de tres cuartos, vio el desmarque de Baena, que aclaraba todo el espacio
a Cucurella y, el nuevo fichaje del Madrid, al primer toque, la ponía rasa al
punto de penalti. Allí estaba el killer, que con un toque sutil abajo a la
izquierda mandaba el balón a la red. Los octavos, encarrilados.
Pero no sentenciados. Austria quiso levantarse del golpe y
tuvo un par de acercamientos que el repliegue rapidísimo de España solventó a
la perfección. No hubo disparo a puerta. Unai era un mero espectador. Sí, un
segundo y tercer aviso que había que tener en cuenta para no perder la
concentración. Y España no la perdió. Baena se inventó un derechazo a la
escuadra tras una falta lejana que se estrelló en el larguero y el rechace,
tocado por Cubarsí, caería a Lamine con todo para marcar. No hubo suerte. El guardameta
austriaco se hizo gigante. Fin del segundo cuarto y al descanso.
A la vuelta había caras nuevas. Austria necesitaba una
reacción urgente para los segundos 45 minutos. Doble cambio, aunque sin
reacción. España se hizo con el balón. Tuvo la primera Oyarzabal, pero el
disparo le salió centrado. Tampoco remató bien el primer córner de la segunda
parte. Hubo también un par de acercamientos más con superioridad numérica en
los que Dani Olmo y Lamine estuvieron egoístas.
España tenía el control y la impaciencia austríaca empezaba
a asomar. Llegaban tarde al corte y dejaban recado. Baena y Pedri fueron las
víctimas. Volvía a mover el banquillo Rangnick y sumaba centímetros en la
delantera. A punto estuvo de salirle bien en la primera que tuvo Kalajdzic nada
más entrar. Alto. El récord de Unai estaba a salvo.
Y con ello llegó el segundo. Otra vez gracias a una jugada
de combinación. Álex Baena con Dani Olmo, que intentó el disparo; el rebote le
cayó a Cucurella, que abrió a Baena y puso un centro al corazón del área donde
apareció, indetectable, Pedro Porro. La apuesta de De la Fuente respondía de la
mejor manera: poniendo tierra de por medio. Fin del tercer acto. /Agencias