¿Y quien pondrá la luz para los barriles de la opacidad? por Jorge Pérez
En el teatro de la política y la propaganda, los números son maleables; en la ingeniería eléctrica y de yacimientos, la física es implacable.
En los últimos días se ha pretendido vender a la opinión pública un nuevo "milagro" de doble propósito de recuperación económica sustentado en acuerdos y narrativas con claro tinte electoral para el electorado estadounidense y también para el pueblo venezolano con la supuesta reactivación masiva de campos petroleros maduros en Venezuela, de los cuales el 48% de un paquete de 8.000 pozos —es decir, cerca de 3.840 pozos— se localiza en el estado Zulia.
Para un país como Venezuela, psicológicamente agotado, castigado por más de tres lustros de abandono, corrupción, penumbras, racionamientos inhumanos y promesas rotas, la pregunta técnica y moral que desmonta esta farsa es directa y elemental:
¿con cuál electricidad pretenden mover semejante volumen de producción?
Vender la idea de que pequeños consorcios o empresas independientes pueden llegar y levantar miles de pozos de la noche a la mañana, sin antes reconstruir el colapsado tejido energético regional, en el caso de la Región Zuliana no es un plan de desarrollo: es una estafa técnica y una burla al sufrimiento de los venezolanos.
La física del pozo maduro: no hay crudo sin kilovatios:
El Zulia no es la Cuenca Pérmica ni un reservorio joven con presión natural surgente. Hablamos de la cuna petrolera de campos centenarios y maduros (como Tía Juana, Lagunillas, Bachaquero o Boscán), donde la energía propia del subsuelo se extinguió hace décadas.
Para extraer cada barril se requiere levantamiento artificial continuo:
* Unidades de bombeo mecánico (balancines), bombas de cavidad progresiva o sistemas de bombeo electrosumergible (ESP).
* Consumo unitario: Un pozo promedio en estos campos demanda entre 35 kW y 100 kW continuos, cifra que se incrementa en crudos pesados y extrapesados debido a su alta viscosidad.
* Potencia en boca de pozo: Para reactivar el bloque zuliano prometido (~3.840 pozos), se requeriría una carga base instantánea que oscila entre 135 MW y 380 MW exclusivamente para motores de superficie y fondo.
* Infraestructura de soporte: A la extracción neta hay que sumar la energía indispensable para mover las estaciones de flujo, el tratamiento y deshidratación de crudo, la inyección secundaria de agua salada y la recompresión de gas. Esto añade entre un 30% y un 50% de demanda adicional.
En total, poner en marcha este anuncio implicaría inyectar entre 250 MW y 550 MW de potencia firme e ininterrumpida.
El dilema ético: O se paralizan los pozos o se apagan los hogares.
Hoy, el Zulia presenta una demanda estimada que puede estar rondando los 3.000 MW, con un parque térmico regional en ruinas: de más de 570 MW instalados en capacidad local de PDVSA, apenas operan cerca de 80 MW; y las plantas de Corpoelec (Termozulia, Ramón Laguna) sobreviven entre indisponibilidades crónicas, falta de mantenimiento y escasez de gas de calidad. La región depende críticamente de la vulnerable transmisión a 400 kV que viaja más de 700 kilómetros desde el embalse de Guri, cruzando el Lago de Maracaibo a través de líneas sobrecargadas.
Si las autoridades pretenden colgar estos miles de pozos al Sistema Eléctrico Nacional (SEN), la consecuencia social será devastadora: cada megavatio desviado a un pozo petrolero será un megavatio arrancado a un circuito residencial en Maracaibo, Cabimas, San Francisco o Ciudad Ojeda. Significaría condenar a los zulianos a bloques de racionamiento de 12 a 18 horas continuas para sostener una estadística de producción.
La mentira y la trampa financiera de la autogeneración.
Frente a esta realidad, se argumenta con ligereza que "las empresas inversionistas deben autogenerar". Pero allí se desploma el relato, sino analicen:
• CAPEX: inasumible para operadores cómo los anunciados: Instalar entre 300 MW y 500 MW mediante turbinas aeroderivadas modulares o motores de combustión interna exige una inversión inmediata en capital que supera los 350 a 600 millones de dólares, solo en generación.
• Logística y combustible: Estas plantas requieren gas natural seco y dulce —el cual no está disponible en la red occidental— o millones de litros de diésel. Importar combustible bajo la estructura de costos actual dispara el costo nivelado de la electricidad (LCOE) a niveles de $0,25 a $0,35 por kWh, pulverizando la tasa interna de retorno (TIR) de cualquier empresa que no tenga el músculo y la escala global de los gigantes de la industria.
• La deuda oculta: Transmisión, subestaciones y aislamiento de red.
Aún si los operadores resolvieran la generación en sitio, enfrentan una barrera técnica casi insalvable: la red eléctrica interna de distribución y recolección petrolera ha sufrido años de canibalismo, hurto de conductores y falta de mantenimiento mayor.
Para operar estos campos de manera autónoma (modo isla) e impedir que las perturbaciones del SEN quemen los variadores de frecuencia y motores de los pozos, se requiere un replanteamiento de ingeniería integral:
• Subestaciones Colectoras y de Maniobra: Es indispensable construir o repotenciar subestaciones elevadoras (de 13.8 kV a 115 kV o 230 kV) con sistemas de compensación reactiva rápida (bancos de condensadores y reactores). Los miles de motores de inducción de los balancines y bombas operan con factores de potencia degradados; sin compensación en barra, el perfil de voltaje colapsa.
• Tendido de Líneas y Anillos de Transmisión Dedicados: No es factible tender miles de kilómetros de baja tensión. Se requiere restaurar y aislar circuitos troncales de 24 kV y 34.5 kV, reemplazando kilómetros de conductores de aluminio y cobre saqueados, junto a transformadores de distribución que hoy están desmantelados.
• Control y Deslastre Automatizado (SCADA): Al operar como microrredes industriales independientes, cualquier disparo imprevisto de una unidad de bombeo o de una turbina provocaría un colapso de frecuencia (flicker y blackout local).
Hace falta implementar esquemas de deslastre automático de carga (EDAC) y centros de control SCADA locales dedicados, independientes de los despachos de Corpoelec.
• La ruta sensata y real: Reinstitucionalización para el rescate productivo.
La verdad no se decreta en conferencias de prensa ni se resuelve con acuerdos al calor de coyunturas políticas y menos con prevalecencia del interés de cúpulas cleptocráticas. Pretender engañar al pueblo venezolano —y a su vez a la opinión pública estadounidense— con la supuesta reapertura masiva de válvulas a costa de seguir apagando la vida cotidiana de las familias venezolanas es moralmente inaceptable.
Venezuela no necesita paños calientes ni firmas sobre papel mojado: necesita inversiones serias, contratos transparentes, seguridad jurídica y capitales de gran envergadura en infraestructura.
Todo lo demás es retórica, propaganda y la prolongación de un espejismo que ya nadie puede sostener en la penumbra.
Esta transformación profunda, que constituye el anhelo legítimo de millones de ciudadanos dentro y fuera de nuestras fronteras, pasa ineludiblemente por autoridades legítimamente constituidas, emanadas del ejercicio libre y soberano del sufragio. Solo la voluntad popular puede renovar los poderes públicos del Estado: un nuevo Ejecutivo, una nueva Asamblea Nacional, un Tribunal Supremo de Justicia autónomo y un Consejo Nacional Electoral confiable.
Únicamente un Estado reinstitucionalizado será capaz de diseñar un marco jurídico robusto que garantice previsibilidad, estado de derecho y confianza internacional. Ese es el único entorno en el que las grandes corporaciones energéticas del mundo —las que realmente sí poseen la capacidad técnica y financiera para acometer proyectos de infraestructura de miles de millones de dólares— arriesgarán su capital. Serán ellas las que impulsen el verdadero ciclo virtuoso: levantar la producción sin canibalizar el sistema eléctrico, reactivar el aparato productivo nacional, crear plazas de empleo dignas y bien remuneradas, y devolverle al venezolano la prosperidad, la estabilidad y la luz que nunca debieron arrebatarle. Y por otro lado, garantizar a nuestro principal socio estratégico y mercado natural caracterizado siempre por ser buen pagador, nuestro principal producto y con ello volúmenes y mejores precios, satisfaciendo al consumidor final de los combustibles.