Mérida, Septiembre Miércoles 09, 2026, 08:06 am
El ascenso de China como principal productor mundial de
vehículos eléctricos representa uno de los resultados industriales más
significativos de las últimas décadas producto de la acción pública-privada
alrededor de lo que inicialmente era desconocido. Así, complejas interacciones
competitivas alrededor de la meta de desarrollar un nuevo sector industrial
llevaron a ministerios, gobiernos subnacionales con orientación desarrollista y
mercados de capitales a financiar a empresas privadas, la mayoría de estas
emprendedoras en la industria automotriz. De esta forma, China alcanzó una
configuración institucional que lejos de responder a un diseño top-down
coherente, generó un ecosistema de experimentación tecnológica con empresas
privadas desafiantes y consolidadas a nivel transnacional.
A nivel central, la política industrial no fue del todo
unificada ni orientada hacia un actor tecnológico particular o empresa líder.
Diversos ministerios comprometidos por autoridad regulatoria, recursos
presupuestarios y rutas tecnológicas preferidas, generaron una fragmentación
que, paradójicamente, creó oportunidades para actores incipientes. Fabricantes
como Chery y Geely, emprendedores políticos y expertos técnicos lograron
influir en la agenda pública aprovechando los espacios dejados por la rivalidad
burocrática, que con el tiempo y apoyo estatal oportuno a los nuevos vehículos
de energía se tornó más adaptativo e inclusivo tecnológicamente, permitiendo la
coexistencia de múltiples vías: vehículos eléctricos de batería, híbridos
enchufables, celdas de combustible y combustibles alternativos como el metanol.
A esto también los gobiernos locales facilitaron la
competencia y la experimentación, dado que tanto las provincias como las
ciudades controlaban recursos estratégicos (tierra, infraestructura, energía,
entre otros) que podían desplegarse para apoyar a fabricantes específicos. Estas
jurisdicciones actuaron progresivamente como inversionistas de riesgo enfocadas
en objetivos desarrollistas, proporcionando financiamiento, suelo y apoyo
regulatorio mientras buscaban recuperar sus inversiones mediante ofertas
públicas iniciales o plusvalías accionarias.
El modelo así construido se apoyó en los mercados de
capitales, a los que empresas automotrices privadas emergentes recurrieron de
manera masiva. Los mercados de acciones, capital de riesgo y capital privado,
incluyeron fondos denominados en dólares estadounidenses y listados en bolsas
extranjeras. Estos canales financiaron entradas de alto riesgo en una industria
intensiva en capital, permitiendo simultáneamente que emprendedores y personal
técnico clave fueran remunerados mediante participaciones accionarias y
opciones sobre acciones, alineando incentivos individuales con el éxito
empresarial. La interacción en general resultó más determinante que cualquiera
de los esfuerzos individuales, en la medida que los mercados de capitales
hicieron más atractiva la inversión gubernamental local al ofrecer salidas más
rápidas y mayores retornos, mientras que los gobiernos municipales y
provinciales proveyeron el colchón institucional y financiero que permitió a las
startups escalar hasta alcanzar la viabilidad bursátil.
Para Venezuela y América Latina, la experiencia china
ofrece lecciones particularmente valiosas en un contexto de reconstrucción
industrial y necesidad de diversificación productiva. Desmonta el mito de que
el éxito industrial requiere un Estado centralizado que seleccione a los
actores nacionales; por el contrario, sugiere que la política industrial
efectiva debe construir instituciones pragmáticas que fomenten la
experimentación, movilicen diversas formas de capital y permitan que empresas y
tecnologías exitosas emerjan de la competencia, no de la designación burocrática,
que evidencia que los gobiernos subnacionales no pueden por si solos ser
actores estratégicos de desarrollo si no se les dota de incentivos claros,
capacidad técnica y mecanismos de rendición de cuentas, una perspectiva
relevante para países como Venezuela que no solo necesitan su reconstrucción
sino su unísona ordenación efectiva y oportuna disciplina inversora.
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