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Por Sadcidi Zerpa de Hurtado

China y el liderazgo mundial en vehículos eléctricos por Sadcidi Zerpa de Hurtado



China y el liderazgo mundial en vehículos eléctricos por Sadcidi Zerpa de Hurtado

El ascenso de China como principal productor mundial de vehículos eléctricos representa uno de los resultados industriales más significativos de las últimas décadas producto de la acción pública-privada alrededor de lo que inicialmente era desconocido. Así, complejas interacciones competitivas alrededor de la meta de desarrollar un nuevo sector industrial llevaron a ministerios, gobiernos subnacionales con orientación desarrollista y mercados de capitales a financiar a empresas privadas, la mayoría de estas emprendedoras en la industria automotriz. De esta forma, China alcanzó una configuración institucional que lejos de responder a un diseño top-down coherente, generó un ecosistema de experimentación tecnológica con empresas privadas desafiantes y consolidadas a nivel transnacional.

 

A nivel central, la política industrial no fue del todo unificada ni orientada hacia un actor tecnológico particular o empresa líder. Diversos ministerios comprometidos por autoridad regulatoria, recursos presupuestarios y rutas tecnológicas preferidas, generaron una fragmentación que, paradójicamente, creó oportunidades para actores incipientes. Fabricantes como Chery y Geely, emprendedores políticos y expertos técnicos lograron influir en la agenda pública aprovechando los espacios dejados por la rivalidad burocrática, que con el tiempo y apoyo estatal oportuno a los nuevos vehículos de energía se tornó más adaptativo e inclusivo tecnológicamente, permitiendo la coexistencia de múltiples vías: vehículos eléctricos de batería, híbridos enchufables, celdas de combustible y combustibles alternativos como el metanol.

 

A esto también los gobiernos locales facilitaron la competencia y la experimentación, dado que tanto las provincias como las ciudades controlaban recursos estratégicos (tierra, infraestructura, energía, entre otros) que podían desplegarse para apoyar a fabricantes específicos. Estas jurisdicciones actuaron progresivamente como inversionistas de riesgo enfocadas en objetivos desarrollistas, proporcionando financiamiento, suelo y apoyo regulatorio mientras buscaban recuperar sus inversiones mediante ofertas públicas iniciales o plusvalías accionarias.

El modelo así construido se apoyó en los mercados de capitales, a los que empresas automotrices privadas emergentes recurrieron de manera masiva. Los mercados de acciones, capital de riesgo y capital privado, incluyeron fondos denominados en dólares estadounidenses y listados en bolsas extranjeras. Estos canales financiaron entradas de alto riesgo en una industria intensiva en capital, permitiendo simultáneamente que emprendedores y personal técnico clave fueran remunerados mediante participaciones accionarias y opciones sobre acciones, alineando incentivos individuales con el éxito empresarial. La interacción en general resultó más determinante que cualquiera de los esfuerzos individuales, en la medida que los mercados de capitales hicieron más atractiva la inversión gubernamental local al ofrecer salidas más rápidas y mayores retornos, mientras que los gobiernos municipales y provinciales proveyeron el colchón institucional y financiero que permitió a las startups escalar hasta alcanzar la viabilidad bursátil.

 

Para Venezuela y América Latina, la experiencia china ofrece lecciones particularmente valiosas en un contexto de reconstrucción industrial y necesidad de diversificación productiva. Desmonta el mito de que el éxito industrial requiere un Estado centralizado que seleccione a los actores nacionales; por el contrario, sugiere que la política industrial efectiva debe construir instituciones pragmáticas que fomenten la experimentación, movilicen diversas formas de capital y permitan que empresas y tecnologías exitosas emerjan de la competencia, no de la designación burocrática, que evidencia que los gobiernos subnacionales no pueden por si solos ser actores estratégicos de desarrollo si no se les dota de incentivos claros, capacidad técnica y mecanismos de rendición de cuentas, una perspectiva relevante para países como Venezuela que no solo necesitan su reconstrucción sino su unísona ordenación efectiva y oportuna disciplina inversora.

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